LA insistencia en regular por medio de la ley una refinanciación de deudas e imponer por la misma vía una suspensión de ejecuciones, todo en beneficio del sector agropecuario —las viejas recetas de siempre conteniendo fórmulas que nunca dieron otro resultado que el abultamiento de las deudas originales porque la mayoría de los beneficiarios tampoco pagó y sigue sin pagar, el sacrificio de los derechos de los acreedores, la espantada de los inversores y la expansión internacional de la imagen de un país que no respeta la seguridad jurídica— se mantiene y se renueva de tanto en tanto y será tema de debate parlamentario muy próximamente. Así el martes de carnaval el senador Gargano volvió sobre el asunto al parecer instigado por gremiales de Tacuarembó, denunciando su preocupación porque algunos deudores seguían recibiendo cedulones de los cuales parte de ellos provenían del Banco La Caja Obrera, lo que expresó con cara de asombro diciendo: "¡fíjense ustedes, de un banco que no existe! Y bien, la escena televisiva dio para diversificar comentarios en todo sentido.
En primer lugar sigue llamando la atención que alguien, y si es un Senador de la República con más razón todavía, se escandalice porque a quienes no pagan sus obligaciones se les intente cobrarles por la vía forzada, como sucede en todo el planeta. Pero admitiendo que este curioso fenómeno ocurre en la realidad, el senador Gargano no explicó cuál era el contenido de esos cedulones, porque él, veterano funcionario judicial que ha vivido entre ellos, sabe perfectamente que hay cedulones que pueden tener muy distinto cometido. Puede tratarse de una intimación de pago con la finalidad de interrumpir la prescripción de un crédito o de la vía acción ejecutiva, lo que no supone la decisión de ejecutar en lo inmediato sino de evitar que se perjudique un derecho sustancial o la vía procesal por el cual puede ser satisfecho. Esto es frecuente y sería legítimo aún cuando estuviera vigente una ley de suspensión de ejecuciones. Se trata en suma de utilizar medios previstos por el derecho positivo para conseguir determinados fines que son lícitos y morales.
Por otra parte la experiencia de funcionario judicial de Gargano debería habilitarlo también para distinguir entre un banco que no existe y otro que está en proceso de liquidación, dentro del cual se cobran créditos y se pagan deudas, y si el resultado de esa liquidación da un activo superior al pasivo, cuanto más lo sea aumentarán las posibilidades que los ahorristas del banco cobren sus créditos o su mayor parte. Por consiguiente, en trance de elegir, ¿a quién defiende Gargano? ¿a los productores agropecuarios para que no paguen o a los ahorristas de La Caja Obrera para que cobren?
EN el trance crucial de elegir seguramente optará por los primeros, porque son más votos. Pero debe tener cuidado —la prevención va para él y para todos sus correligionarios que aspiran a ver al Frente en el gobierno nacional— porque como es sabido el acuerdo concertado por el país como el FMI no sólo está condicionado al cumplimiento de metas que no son compatibles con concesiones graciosas a los deudores de bancos estatales o en liquidación a cargo del Banco Central del Uruguay, sino que también expira el 1º de marzo de 2005. A partir de esa fecha el gobierno que asuma tendrá inexorablemente que volver a negociar, y lo hará con ventaja si la economía del país está bien. Todo esto tiene mucho que ver con la contradicción que anida en la mentalidad nacional y que denunciara recientemente el Dr. Julio María Sanguinetti, mentalidad que por un lado reclama un Estado reducido, limitado en sus cometidos esenciales, y por el otro un Estado intervencionista que solucione todos los problemas que sobrecargan a los distintos sectores sociales. El Frente Amplio —no necesariamente en el gobierno del que todavía está lejos y cada día que pasa más, sino en cualquier posición en que se encuentre, va a tener que resolver de una vez esa contradicción y para no quedar como sapo de otro pozo a escala universal, lo hará transitando por la vía de acción liberal, como lo está haciendo Lula, por ejemplo.
EL parto va a resultar difícil en la medida que el lastre de los Gargano y compañeros marxistas, y extremistas revolucionarios que forman parte de sus componentes es demasiado pesado, pero el momento les llegará y no hay otra opción. Ellos lo saben mejor que nadie.