En un mundo disruptivo con guerras feroces como la de Rusia contra Ucrania, o la de Hamás contra Israel, o la de Israel contra Hezbollah, o la de Estados Unidos contra Irán, en un tiempo donde las reglas de juego mundiales fueron derogadas de hecho, pero sin nuevas que las suplan y donde un dictador puede ser apresado y llevado a otro país, pero la dictadura persiste, lo más importante de la semana uruguaya ha sido la camioneta que el presidente se compró antes de asumir y que pagó gracias a un llamativo y generoso descuento. El hecho es grave y preocupa; aun así, ante tanta desconcertante realidad mundial, tiene mucho de inusitado y surrealista.
En la región hubo segunda vuelta en Perú y la habrá en Colombia con candidatos que con solo escucharlos provocan suspicacia. Sean de uno u otro bando, actúan con códigos desconocidos para los parámetros a los que estábamos acostumbrados.
Quizás tenga sentido mirar que pasa en Europa o en Canadá para ver si queda algo de sensatez por esa zona y le devuelvan un mínimo equilibrio al mundo. Sin embargo, lo que ocurre en el Reino Unido recuerda a los años 60 y 70 de Italia, cuando los primeros ministros caían cada poco tiempo. No es esa inestabilidad lo que esta hora histórica demanda.
Luego de la crisis que llevó a la salida del gobierno de Boris Johnson, el Partido Conservador británico se mantuvo un tiempo con sucesivos cambios de primeros ministros y finalmente fue derrotado por los laboristas que cayeron en la misma espiral. Buena parte de su dirigencia no apoya a Keir Starmer, su primer ministro. Todo indica que habría una puja para ver quien lo sucedería en la dirección del partido (y en consecuencia, en la jefatura del gobierno) hasta terminar el período.
Se trata de un país que reaccionó con firmeza ante el embate ruso y que no se deja amedrentar por el estilo Trump, a la vez que busca acercarse a la Europa que abandonó hace unos años cuando lo del Brexit, pero carece de un liderazgo firme para afrontar tantos desafíos.
Macrón va culminando su mandato y las alternativas no son alentadoras. Al nacionalismo populista de derecha, de vieja data en Francia, se opone un nacionalismo populista de izquierda que hace que los opuestos se parezcan.
Alemania tiene sus propios problemas y si bien el canciller federal es un democristiano que se coaligó con su clásico rival, la socialdemocracia, para evitar los pujos populistas, no logra imponer un liderazgo que cohesione al viejo mundo.
De España, mejor ni hablar. Allí el jefe de gobierno sigue atornillado a su asiento en medio de escándalos asombrosos y enormes dificultades para lograr los votos para tomar decisiones. Un discurso chavista o kirchnerista, se apoderó de quienes gobiernan.
El escándalo mayúsculo que involucró al expresidente del gobierno José Luis Rodríguez Zapatero con la dictadura corrupta del chavismo, no logra tapar los demás casos que afectan a gente directamente allegada a su actual presidente Pedro Sánchez.
Sánchez logró convertir al viejo PSOE en el “sanchismo”, que gira en torno a su figura y a su desmedida ansiedad por aferrarse al cargo. Sus acuerdos para lograrlo, con grupos de una izquierda radicalizada y frívola y las negociaciones con la derecha nacionalista catalana sirven de poco. La socialdemocracia española se contaminó de la ideología de sus socios y en el escenario europeo, el rol de España es casi irrelevante.
El problema es la alternativa. ¿La hay? Sin duda, si así lo quisieran los españoles. El Partido Popular tiene en Alberto Núñez Feijóo un líder serio, aplomado, adecuado para atenuar tanta crispación y grieta. Pero no parecen quererlo los españoles, entreverados en disputas de rústica intransigencia. La posibilidad es que Feijóo deba negociar con Vox si entre ambos suman mayoría. Y el líder de Vox, Santiago Abascal, no es un aliado fácil.
¿Por qué en tiempos de tanta necesidad, no surgen los liderazgos apropiados? Hay en Europa políticos capaces, pero no alcanzan la talla para hacer frente a los tremendos desafíos que enfrenta: una Rusia amenazante que obliga a aumentar el gasto de defensa, una guerra en Medio Oriente que encarece el petróleo, un Trump provocador.
Desde este lejano rincón, los sacudones del mundo llegan apenas imperceptibles y por eso lo de la camioneta, que es grave, concentra la atención de los uruguayos. La lejanía no quiere decir que tanta realidad disruptiva no nos afecte. Las consecuencias llegarán a estas orillas y eso nos obliga a estar atentos.