Fernando Pereira en Cuba

El sentido de oportunidad y ubicación de la cúpula del Frente Amplio, cuando se trata de política exterior, cada día es más escaso. No basta con que el presidente Orsi vaya a la cumbre de la Celac y salga en todas las poses con el mandatario más cuestionable del continente, Gustavo Petro. No es suficiente con que la política exterior uruguaya esté sometida a los designios del gobierno de Brasil, que se puso del lado de Rusia contra Ecuador, y defiende a Nicolás Maduro frente a Estados Unidos.

Ahora ese partido rompe todos los récords, enviando una delegación a Cuba, en momentos en que ese despótico régimen comunista que lleva 67 años sin haber hecho una sola elección competitiva, parece en los últimos estertores de su existencia. La delegación estuvo encabezada nada menos que por el presidente de ese partido político, Fernando Pereira, que fue a hacer turismo revolucionario, en hotel 5 estrellas, y con copiosas comidas diarias, en momentos en que la mayoría de la gente en esa isla no tiene para comer. Y se dedicó a hacer elogios vergonzantes a una dictadura sangrienta, que tiene a miles de presos políticos.

“No queremos ni podemos dejar pasar por alto lo que el mundo está viviendo. Lo que ha pasado en apenas pocos meses es un ejemplo del procesamiento de alguien que intentó dar un golpe en Brasil, intervenir en la elección en Argentina, intervenir en la elección en Honduras, secuestraron al presidente de Venezuela, bombardearon Irán”, dijo Pereira frente al dictador Díaz Canel.

Y agregó: “Cualquier humanista, independientemente de su pensamiento, debe rechazar la injerencia de Estados Unidos sobre Cuba. La lucha por la paz es una lucha irrenunciable para el pueblo uruguayo”. Y sentenció que “Cuba no está sola y no va a estar sola”. Para la izquierda, agregó, “renunciar al internacionalismo sería renunciar al alma”.

Claramente, las palabras del presidente del partido que ocupa el gobierno de Uruguay no sólo son muy poco inteligentes, teniendo en cuenta el momento geopolítico global. Eso, de última, sería lo menos grave. Tampoco sería lo más reprochable que salga con esa declaración de amor a un régimen al que probablemente le queden pocas semanas de vida. Cuando los cubanos recuperen su libertad, seguramente tengan muy claro este tipo de servilismo indigno frente a un dictador que los tiene pasando todo tipo de necesidades, mientras recibe con flores y abundancias a un grupo de viudas del Muro de Berlín.

Lo peor, lo más grave, es que cuestiona de manera profunda cualquier tipo de sentimiento democrático en la figura que dirige al partido político más importante del país.

A esta altura, ni la miopía ideológica más avanzada permite ignorar lo que ocurre en Cuba. Un régimen que lleva casi 70 años en el poder absoluto, que mantiene a los cubanos bajo un sistema policíaco de delaciones y abusos de poder. Y que en todas esas décadas sólo ha ido en una pendiente descendente, en cuanto a sus supuestas conquistas sociales.

Desde que se derrumbó la Unión Soviética quedó en evidencia que todas las supuestas maravillas sociales de Cuba eran apenas el escaparate lustroso con el cual aquel imperio comunista buscaba seducir a América Latina. Apenas se acabaron los subsidios soviéticos, todo aquel “paraíso socialista” empezó a derrumbarse como un castillo de naipes.

En algún momento de ese derrumbe, apareció un salvador: Hugo Chávez, quien desvió miles de millones del dinero de los venezolanos para intentar sostener aquella ficción comunista en el Caribe.

Pero ni con eso pudieron, y la calidad de vida en Cuba se fue degradando hasta ser uno de los países con menor riqueza per cápita del continente. Y ahora alcanzó con que se cortara el chorro del petróleo venezolano para que en apenas unos meses la situación de Cuba se volviera insostenible. Como siempre, aparecen los fanáticos que buscan excusas para justificar lo injustificable. Y se afirma que todo tiene que ver con un bloqueo de Estados Unidos. ¡Mentira! La situación de Cuba es insostenible desde mucho antes de que llegara Trump, y el supuesto bloqueo, no le impide a Cuba comerciar con el resto del planeta. De hecho, si eso fuera tan implacable, ¿cómo es que Pereira y esa selección de resentidos ideológicos llegó con sus magras vituallas a la isla?

El comunismo no funcionó en Cuba, como no lo hizo en Venezuela, ni en Alemania, ni en Camboya, ni en Zimbabwe. Porque simplemente es un sistema inhumano, liberticida, y que no respeta las reglas básicas de la economía.

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