No resulta muy difícil explicar por qué el gobierno tiene una aprobación tan baja cuando se analizan algunos factores básicos, pero también debe tenerse en cuenta un factor muy evidente; un muy mal elenco gobernante. Cuando se hace el repaso del gabinete de ministros cuesta encontrar alguna que merezca el calificativo de decoroso, la gran mayoría ha dado muestras de no estar a la altura de su responsabilidad. Sin embargo, aún en este escenario desolador, el canciller se las ha ingeniado para destacarse como uno de los peores secretarios de estado.
El gobierno que asumió en marzo de 2025 llegó sin liderazgo, sin programa de gobierno y sin elenco gobernante, como hoy resulta por demás evidente. El contraste con el Frente Amplio que ganó en 2005 resulta útil para dejar en evidencia el aserto. Mientras que el primer gobierno frentista tenía un líder político claro y un presidente que ejercía el poder como Tabaré Vázquez, el presidente Orsi fue simplemente el candidato impulsado por su sector. Orsi es el primer presidente desde el retorno a la democracia que no es un líder político que buscó la presidencia y eso se nota.
Como fue reconocido por el propio gobierno al ponerse a elaborar planes de seguridad, vivienda, política económica, etc. durante su primer año de gobierno llegaron sin programa. No es novedad, también lo reconoció la entonces candidata a la vicepresidencia Carolina Cosse durante la campaña, pero las consecuencias se están pagando ahora. No parece haber la menor idea de que hacer con la inseguridad rampante, al punto que siquiera se puede controlar una picada que ocurre los mismos días a la misma hora todas las semanas y que terminó hace unos días con el desgraciado asesinato de un niño.
Tener que escuchar a los expertos del Ministerio del Interior que comentan los números expresando que el incremento de asesinatos se debe al éxito de la gestión sólo puede generar indignación y rechazo.
También resulta evidente que el elenco gobernante es de mucha menor jerarquía que el de entonces, alcanza con repasar los secretarios de presidencia, cancilleres o ministros de economía. Al gobierno le cuesta llevar adelante las decisiones más básicas, convocó a un diálogo social con un documento aprobado por sus representantes, defendido públicamente por el Ministro de Economía en sendas entrevistas y luego se retracta cuando vislumbra los impactos que, insólitamente, lo tomaron por sorpresa.
Algo similar ocurre en materia de política exterior, donde no parece haber ni un rumbo claro, ni una visión definida de lo que se busca con esta materia clave para un país de la escala de Uruguay.
Como pueden dar testimonio las personas que participaron de la delegación uruguaya que viajó con el presidente Orsi a China pasaron una inseguridad constante durante todo el viaje.
Agenda mal hecha e improvisada, informalidad frente a la extrema formalidad china, falta de acreditaciones, incertidumbre sobre quien participaba de cada reunión y hasta falta de vehículos para los traslados. Es cierto que es sólo un episodio, pero por demás sintomático de lo que esta gestión de la política exterior presenta enormes falencias, cuando supo ser otrora ejemplo de profesionalismo.
Vivimos improvisando, en cumbres del Mercosur, de los absurdos organismos internacionales que al parecer nos esforzamos para Uruguay obtenga presidencias protempore absolutamente inconducentes.
Solo durante la semana pasada el canciller protagonizó dos episodios compleicados, cuando dijo que a la cumbre convocada por el secretario Marco Rubio había asistido un funcionario de segundo orden de la embajada cuando fue el embajador. Y luego en una entrevista cuando comentó que sus viajes a Roma habían sido para negociar aspectos del acuerdo con la Unión Europea cuando nada se negoció allí y nada tenia que negociar Uruguay unilateralmente.
Para volver al tema de las encuestas, se suele buscar justificaciones gradilocuentes, hablando de que hay una crisis política a nivel global, y que la oposición tampoco tiene buena imagen. Eso cuando nunca antes se había medido el apoyo a una oposición, que ni es una, ni tiene que mostrar resultados de nada.
El problema de fondo es claro. En el Frente Amplio anidan miradas demasiado distintas. Las cuales no puede unir hoy ni una “mística” sobrevalorada, ni una generación de dirigentes que no parece estar a al talla de sus predecesores. Un panorama muy preocupante.