Explotación infantil

Quién es la señora Mama Fatima Singhateh? Abogada de formación, posee una maestría en derecho comercial internacional, y desde 2020 es relatora especial sobre venta y explotación sexual de niños, nombrada por el consejo de derechos humanos de las Naciones Unidas. Fue en el ejercicio de este cargo internacional que nos visitó el mes pasado.

Previo a su nombramiento, la gambiana Mama Fatima Singhateh tuvo una extensa vida política en su país. Gambia queda en África Occidental, rodeada por Senegal, y tiene varias características infelizmente muy negativas. Por un lado, es de los países más pobres del mundo, con un PBI per cápita que no alcanza siquiera los 1.000 dólares al año -piénsese, en comparación, que el de Uruguay está por encima de los 17.000 dólares-. También, es de los peores países en lo que refiere al desarrollo humano, situándose en los últimos diez años siempre por debajo del puesto 170 en el mundo.

Por otro lado, Gambia tiene una fuerte tradición islámica con prácticas primitivas y bárbaras, como por ejemplo la de la mutilación genital femenina y la del matrimonio infantil. Fue en tanto ministra de Justicia de su país que Singhateh logró prohibir y castigar estas atrocidades con una ley en 2016, lo que seguramente la posicionó como una notable activista en defensa de los derechos de los niños, lugar ideal para integrarse a un cargo internacional y muy bien rentado como el que actualmente ocupa.

El problema con Mama Fatima Singhateh es que se reunió con distintos actores y se interiorizó sobre la situación de los niños y adolescentes en Uruguay, pero hacia el final de su estadía salió declarando un conjunto de tonterías que en nada reflejan lo que ocurre en nuestro país. Más bien ellas dan la sensación de que Singhateh no es capaz de separar su experiencia en Gambia con lo que sucede en otras partes del mundo, o de que simplemente su aguda especialización en derecho comercial internacional ha sido un insospechado impedimento para el natural entendimiento que cualquiera puede hacerse de la realidad uruguaya.

En efecto, ¿cómo alguien puede sostener que “la explotación y el abuso sexual de menores son extremadamente comunes en el país y están normalizados social y culturalmente”? ¿En qué se basó Mama Fatima Singhateh para afirmar semejante disparate? ¿Acaso en vez de visitar Montevideo creyó que había vuelto por unos días a la capital de su país, Banjul? Realmente la impertinencia y falsedad de sus declaraciones son indignantes.

En Uruguay, desde siempre, la sociedad aborrece de la explotación y del abuso de menores, que nunca han sido ni son “extremadamente comunes”, y que jamás han sido considerados como algo normal, sino más bien todo lo contrario: aquí no hubo que esperar a 2016, como en el país de Singhateh, para sancionar prácticas aberrantes como la mutilación genital de niñas, entre otras cosas porque nuestra cultura de origen occidental y cristiana de ninguna manera aceptó jamás como normal o natural la bárbara realidad que ha sido el pan nuestro de cada día en Gambia.

La relatora Mama Fatima Singhateh pasó por Uruguay: miró a nuestro país con ojos de activista gambiana y creyó ver realidades que aquí de ninguna manera existen.

Además, aquí existe un Parlamento que representa cabalmente a la soberanía popular. Con muchas horas de estudio, negociación y escucha de los actores más involucrados de la sociedad civil, es capaz de decidir libremente acerca de cambios en el régimen de tenencia compartida. Eso, que forma parte de la tradición propia de un país democrático y que, obviamente, no integra el ADN político que trae consigo alguien que proviene de Gambia, debiera de ser bien respetado y considerado, de forma de evitarle a la señora Singhateh emitir opiniones totalmente sesgadas políticamente y alineadas con los huecos eslóganes profesados por la oposición izquierdista y por sus ONG´s afiliadas con relación a la reciente reforma votada en el Parlamento.

La relatora Mama Fatima Singhateh pasó por Uruguay: miró a nuestro país con ojos de activista gambiana y creyó ver realidades que aquí de ninguna manera existen. Declaró tonterías para quedar bien con la red de ONG´s políticamente correctas que vive y lucra con estos temas. Y partió convencida de que con esas sandeces podrá presentar en marzo de 2024 un digno informe al consejo de derechos humanos de la ONU con el que rendirá cuentas de su visita al Uruguay.

Hizo bien el gobierno en reunirse con el representante de ONU en Uruguay para plantear su enojo y disconformidad por los disparates que declaró Singhateh. Infelizmente, con este caso y una vez más, sufrimos como país un exabrupto intolerable de parte de un funcionario de la ONU.

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