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En un mundo cada vez más globalizado y abierto, durante 15 años el Frente Amplio nos cerró y nos encerró. Una y otra vez negó al Uruguay la posibilidad de abrir sus puertas a un escenario comercial donde la apertura de fronteras y los acuerdos fueran los motores para desarrollarse en otros países.
Quedamos por años en abrumadora desventaja para ingresar a los principales mercados, pagamos caro para que nos abran las puertas mientras otros -la competencia- ingresaban como si fuera su casa. El caso de Nueva Zelandia, un país agropecuario solo un poco mas grande que Uruguay, fue siempre la referencia.
Cuando tiempo atrás Luis Lacalle Pou, como cabeza de un nuevo gobierno, reiteró su voluntad de abrir Uruguay al mundo o buscar abrir el mundo para Uruguay, lo hizo sin renegar para nada de su vocación por el Mercosur -el bloque que este país contribuyó a fundar- pero sí explicó que no renunciaba a su independencia para buscar otros caminos, ni aspiraba a quedarse parado y quieto, sino que estaba dispuesto a ampliar sus horizontes comerciales. China era el principal objetivo y el diálogo había empezado. Recordamos también que en aquel entonces el expresidente Mujica consideró que tenía la “obligación” de dar su autorizada opinión: descalificar la posición del gobierno uruguayo. “Que Uruguay negocie con una potencia como China, macanudo. Significa que armemos un puestito de vendedores en toda la costa para que vengan a comprar los vecinos” y siguió con otras pavaditas por el estilo. Eso sí, bien que se guardó hacer mención que, por ejemplo, el expresidente Vázquez promovía un acuerdo con China y antes nada menos que con los Estados Unidos de América.
Ahora, el presidente Lacalle Pou anunció el miércoles la feliz culminación del estudio de factibilidad (los pro y los contra del TLC) para firmar el acuerdo con China. Y como contrapartida, China hizo el mismo anuncio.
“La obligación nuestra es abrir mercados y competir en igualdad de condiciones con otros países que producen lo mismo que nosotros”, afirmó el mandatario. Y resaltó, al ser consultado sobre las críticas surgidas por la situación política y de derechos humanos que se vive en China que “de lo que se está hablando es de comercio” y “no de obligaciones políticas recíprocas”.
Previamente el Presidente comunicó a todos los partidos políticos el avance al que se había llegado rumbo a un TLC con China. Además, antes de la conferencia de prensa el canciller Francisco Bustillo habló con cancilleres y embajadores acreditados en Uruguay de los otros países que pertenecen al Mercosur. Lo hizo a menos de una semana de la cumbre que se celebrará en la capital de Paraguay, de la cual ya se bajó el presidente de Brasil Jair Bolsonaro.
Hubo apoyo de la Coalición Republicana y silencio, por el momento, del Frente Amplio salvo comentarios muy cuidados en las redes. El que de pique nomás salió a expresar su disconformidad fue -no podía ser de otra manera ni sorprendió a nadie- el Pit-Cnt, donde se han comenzado a activar movilizaciones “en defensa del trabajo y la industria nacional”. Según su presidente, Marcelo Abdala “en nuestra visión el conjunto de sectores productivos que se salen de los agronegocios -que son los malla oro beneficiados por las políticas que aplica el gobierno- tendrán muchísimo más perjuicio que oportunidades”.
Por años quedamos en abrumadora desventaja para ingresar a los principales mercados, pagamos caro para que nos abran las puertas mientras otros -la competencia- ingresaban como si fuera su casa.
Desde otra óptica, para Ignacio Bartesaghi, director del Instituto de Asuntos Internacionales de la Universidad Católica, el anuncio del paso adelante del TLC entre Uruguay y China “es una excelente noticia. El hecho de que el estudio de factibilidad se haya cerrado marca un primer hito, pero ahora debemos apurar mucho nuestras movidas estratégicas y ojalá que China esté dispuesta a formalizar el inicio de negociaciones después de la Cumbre del Mercosur. Será la hora de intercambiar ofertas en distintos capítulos en busca de un acuerdo que no tiene plazo concreto”.
Lo que además resaltó Bartesaghi fue lo ocurrido en Chile tras la firma de un Tratado similar. Fueron no solo empresas chilenas, sino muchas inversiones internacionales que se instalaron para aprovechar el TLC, exportar más productos y servicios a China y así diversificar la producción.
Ese es el nuevo camino. Queda el tema del Mercosur. Un bloque cuyo futuro es una incógnita, con sus socios más poderosos enfrentados y con inciertas políticas comerciales. Donde la Argentina de “los Fernández” apuesta al proteccionismo para salir del pozo y a Brasil -como siempre- le importa solo Brasil. Y en esa materia no cambia el panorama si el Presidente se llame Bolsonaro o Lula da Silva.
El futuro de Uruguay no puede ser una incógnita. Tenemos que abrir las puertas. Todas.