Empleo y neoliberalismo salvaje

SEGUIR

Introduzca el texto aquí

El desempleo en Uruguay ha bajado a niveles previos a la pandemia. El dato concreto es que hoy la tasa de gente desempleada es del 7,7%, contra el 8,4% de febrero del 2019.

Ahora bien, el número sigue siendo alto, y de alguna forma refleja lo que ha sido un patrón histórico de nuestro país, cuyo sistema laboral, hiperprotegido y regulado, con enorme peso de sindicatos y del estado, ha tenido siempre como norte lo que podríamos llamar el “modelo europeo”, en contraste con un sistema más flexible y libre como el americano.

La pregunta que cualquier analista, con un mínimo de independencia y cabeza abierta ante esta situación es: ¿Es éste el mejor modelo para una sociedad como la uruguaya? ¿Acaso este mercado laboral es el que genera una situación más justa para los trabajadores?

La pregunta se potencia a la vista de las últimas noticias que llegan de Estados Unidos. En el mes de mayo, el mercado laboral de ese país sumó la friolera de 390 mil nuevos puestos de trabajo. La tasa de desempleo se mantuvo en apenas un 3,6%, la más baja en medio siglo.

Es más, según datos oficiales, las ofertas de trabajo en el último mes en ese país casi que duplicaron a la población desempleada, o sea que hay 1,9 posiciones laborales disponibles por cada americano sin trabajo.

Estos datos sobre la población general, se potencian todavía más cuando se analiza la situación del mercado laboral para los estudiantes recién egresados de la universidad. Un reciente informe de la cadena NBC mostró que la generación que termina la universidad por estas fechas, está ingresando al mercado de trabajo más dinámico en décadas. Los empleadores piensan contratar este año un 32% más de trabajadores con titulo universitario que el año anterior. En ese informe se entrevista a un grupo de recién graduados, que pintan un panorama envidiable. Todos concuerdan en que ha sido más fácil ingresar al mercado de trabajo que terminar sus estudios, y que cada uno tuvo entre tres y cuatro entrevistas laborales, antes de su graduación.

Un detalle interesante es que si bien Estados Unidos no tiene prácticamente regulación de su mercado laboral, sí existe un salario mínimo federal, y que es de unos 300 pesos la hora. Claro que después cada estado tiene una realidad diferente, y por ejemplo en California ese salario mínimo trepa a 600 pesos por cada hora trabajada.

El lector desconfiado podrá alegar que el costo de vida en ese país es muy superior al que tenemos nosotros, y que no son realidades comparables. Pues se equivocaría. Los bajos impuestos, y regulaciones hacen que casi todos los productos de consumo, tal vez con la única excepción de la vivienda, sean más económicos que en Uruguay.

Acá, seguramente, su cabeza replicará la vocecita carrasposa del senador Andrade, gritándole que esas maravillas del mercado laboral americano, solo se pueden explicar por la explotación que hacen de otros países. Una teoría que la historia y la academia han desmentido una y mil veces. Pero que además se cae con un dato concreto: en España, la tasa de desempleo hoy es del 13,5%. Algo parecido ocurre con Francia, donde llega casi al 8%, o Italia donde roza el 9%.

El caso de Estados Unidos muestra que es mentira que los trabajadores requieran de sindicatos fuertes e ideologizados para mejorar su situación laboral.

La comparación es muy pertinente en momentos en que las noticias, sobre todo las azuzadas por las agencias informativas europeas, buscan generar la idea de que el mercado laboral americano es una especie de infierno neoliberal, donde los pobres empleados de Amazon, por marcar un ejemplo muy trillado, han logrado fundar un sindicato después de años de pelea. Es bueno aclarar que eso ocurrió solo en Nueva York, tal vez el estado más europeizado del país, mientras que los trabajadores de esa empresa de Alabama y otros estados, llevan años votando sistemáticamente en contra de la creación de un gremio que los represente en sus negociaciones con la empresa.

A lo que vamos con todo esto, y que es especialmente interesante en momentos de picos de conflictividad gremial en Uruguay, es que el ejemplo de EE.UU. muestra una cosa: es mentira que los trabajadores requieran de sindicatos fuertes e ideologizados para mejorar su situación laboral. Y que un mercado desregulado, libre, y donde empresas y empleados funcionan de manera autónoma, puede producir excelentes resultados para los trabajadores.

Después cada país deberá encontrar la forma de funcionamiento que se adapta mejor a su idiosincrasia. Ahora bien, ¿usted que preferiría? ¿Un mercado laboral rígido, hiperregulado, y donde si pierde su trabajo puede pasar años antes de tener otra oportunidad? ¿O uno flexible y fluido donde se puede ingresar o salir sin mayores traumas?

¿Encontraste un error?

Reportar

Temas relacionados

Editorial

Te puede interesar