Elecciones clave para Uruguay

Uruguay, en sus épocas doradas, fue siempre un país que atendía mucho a lo que pasaba en el mundo. Eso ha ido cambiando con el tiempo, y en particular a partir de la “era Mujica”, nos hemos convertido en un país que se mira demasiado el ombligo. Enamorado de su pequeñez, encandilado por su “autopercepción” de paraíso periférico. Pero todos sabemos que las cosas que pasan fuera de nuestras fronteras, muchas veces tienen más impacto en nuestra vida cotidiana, que todo lo que pueda hacer un gobernante local.

Y en los próximos meses, hay dos elecciones que pueden tener un efecto enorme sobre nuestra realidad política y económica.

La primera es la elección de mitad de período en Estados Unidos. Algo de lo que se lee poco en Uruguay, salvo por los habituales espasmos antitrumpistas de todo el bienpensantismo nacional. Ya sea de uno o del otro lado del espectro político. Pero esta elección tiene ribetes muy importantes, porque el partido Demócrata, por el que de manera bastante miope siempre ha mostrado una simpatía especial el uruguayo medio, atraviesa una revolución interna que puede cambiar su cara.

Hay toda una serie de figuras de un izquierdismo infantil y delirante, y con una ostentación de antisemitismo llamativa, que vienen ganando terreno de manera preocupante. Son el producto de una elite universitaria cada vez más alejada de la realidad, y que reflota ideas que en América Latina conocemos tan bien, como los fracasos estrepitosos que han generado cuando fueron aplicadas.

Este surgimiento es la principal esperanza para el presidente Trump de no sufrir un verdadero varapalo en estas elecciones. Pero si la mirada de estos neocomunistas de salón llega a ser victoriosa en las urnas, el mundo entero puede prepararse para un cimbronazo doloroso.

La otra elección igual o más importante aun para Uruguay, es la que se vivirá en octubre en Brasil. Allí el presidente Lula, a sus 80 años, buscará un cuarto período de gobierno.

La elección ocurre en un contexto muy especial. Brasil es hoy el último bastión de las ideas “progresistas” en América del Sur, donde una serie de candidatos conservadores vienen arrasando en las urnas en países con realidades tan distintas como Argentina, Colombia, Perú o Bolivia. Lula, que siempre ha sido una especie de padrino espiritual (y muchas veces también material) de los gobiernos de izquierda en el continente, se encuentra cada vez más solo.

No sólo eso, sino que es el último escollo para un alineamiento expresivo del subcontinente a la estrategia de Estados Unidos de recomponer una gran alianza hemisférica, que sea contrapeso al crecimiento de la influencia china en la región.

Lula ha usado su enfrentamiento con Trump como su gran carta electoral, ya que la economía, la corrupción y la seguridad en el país, tras 20 años de gobiernos del PT, siguen siendo temas pendientes en el país.

No deja de resultar irónico ver a Lula da Silva golpearse el pecho clamando en contra de la injerencia de otros países en el suyo, cuando él mismo ha operado de manera descarada en la política interna de todos los países del continente.

El gran tema para Uruguay es que tanto el Frente Amplio en general, como el presidente Orsi en particular, tienen un vínculo carnal con Lula y su partido. Por no decir una deuda contante y sonante. Y que en caso de que ese produzca un cambio de gobierno en Brasil, la situación de orfandad internacional del actual gobierno, se verá todavía mucho más acentuada.

A esto hay que sumar los temas comerciales y de integración regional. Según quien gane en Brasil, el panorama cambiará radicalmente.

Esta semana se lanzó oficialmente la campaña electoral en Brasil, con su peculiar sistema de publicidad gratuita. Un sistema que muchos aquí quisieron imitar, pero que tiene enormes déficit. Las encuestas marcan una leve superioridad de Lula en los sondeos sobre Flavio Bolsonaro. Pero en un marco de polarización tan severo, que cualquier cosa puede pasar de aquí a octubre.

Hay algo sobre lo que advertir al lector. Y es que a la hora de informarse de cualquiera de estos dos procesos electorales, hay que ser particularmente desconfiado con las noticias. Es que el establishment político, académico y mediático tiene un sesgo al filo del ridículo con estas campañas. Por un lado muy a favor de Lula, y por otro histéricamente contrario a Trump. Por eso hay que atender mucho a lo que se lee, y siempre dudar de lo que se recibe.

Pero es tan grande el impacto que estas dos elecciones pueden generar en Uruguay, que es fundamental no perderse detalle de las mismas.

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