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Ayer se conoció un comunicado de un Centro de Estudiantes, en el que asumen que uno de sus integrantes vandalizó el vidrio de la camioneta que trasladaba al presidente de Anep, Robert Silva, tras haber participado en aquella agitada presentación de la transformación educativa en el Cerro.
Los estudiantes agremiados denuncian “mentira y desinformación”, así como supuestas agresiones de “quienes hacían de seguridad, desesperados por proteger a Silva como un perro protegería a su amo”. Habrá sido por temor a esos humanos de aspecto perruno que uno de los integrantes de la turba “reaccionó de manera instintiva, buscando defender sobre todo a la gurisada” y “con lo que tenía a mano (…) terminó rompiendo el vidrio de la camioneta”.
Asumen que fue “una acción impulsiva” pero que “los violentos no somos nosotros”.
Es interesante contrastar esta narración, seguramente inspirada en la película El acorazado Potemkin, con lo mostrado claramente por las cámaras de televisión que registraron ese tumulto. Lo único que se vio fue a una horda totalmente desencajada, gritando e insultando a las autoridades que intentaban abrirse camino en ese desmadre.
Para justificar esa inverosímil represión a pacíficos manifestantes, un dirigente del sindicato de estudiantes de formación docente llegó a decir que supuestos “patovicas” pegaban puntapiés a los estudiantes, amparados en que las cámaras no enfocaban los pies (!). ¡Vaya relato fantasioso y victimista! Alcanza con apreciar el video en que una persona pega puñetazos a la ventanilla de la camioneta, detrás de la cual se veía a Robert Silva, o el bochornoso golpe con un termo (todo un símbolo) que destrozó la luneta del vehículo.
Dio en el clavo nuestro colega Hugo Burel cuando señaló en estas páginas, el domingo pasado, la diferencia entre aquel festejo del siglo XIX en la Piedra Alta, donde un público emocionado aplaudió y premió a Juan Zorrilla de San Martín al recitar La leyenda patria, y el penoso espectáculo del último 25 de agosto, donde un antivacunas delirante y un grupito de estudiantes agremiados lanzaron improperios a las autoridades y al motivo mismo de celebración.
Una curiosidad para destacar: la senadora Graciela Bianchi compartió en Twitter un video de aquel humorístico de archivo de canal 10, “Bendita TV”, donde se veía durante el período de Mujica, a un grupo de estudiantes que ocupaba la sede del MEF y le cantaba al entonces ministro Fernando Lorenzo: “A vos te puso el Fondo / Lorenzo botón. / Te vendés a los yanquis, / entregás el país, / sos un hijo de puta, / te tenés que ir”. Es casi exactamente la misma cancioncita con que otros estudiantes, una década después, insultaron al presidente Lacalle Pou en el referido acto de Florida. Las únicas diferencias en la letra son dos: cambió Lorenzo por Lacalle y cambió la “p” por la “y” de “yuta”. Esta última modificación, ¿se debió acaso a una evolución en el sentido del respeto hacia una autoridad? No estimado lector, no espere tamaña sutileza.
Qué lástima que la inmensa mayoría de docentes cultos y respetuosos con que contamos en nuestro país no haga escuchar su voz con la misma fuerza.
Es solo que la actual sensibilidad de género les hace dejar de mentar como un insulto un oficio femenino, y lo cambian por el de “yuta”, que alude a la policía (otro oficio que integran tanto hombres como mujeres, pero no les pidamos tanto detallismo…).
Una dirigente del gremio de estudiantes del IPA lo declaró a TV Ciudad con claridad meridiana: “en ningún momento fue insultado el presidente. Decimos hijo de yuta porque es nuestra forma de ver a la policía, que es el símbolo de la represión”.
Que esos mismos agravios hayan sido dirigidos a un ministro de Economía del Frente Amplio, parece que no importara: hoy la oposición se sube igual al carro de estas infamias.
Los grafitis vandálicos son otro motivo de discordia para los futuros docentes. “Los muros del IPA son nuestro lugar de expresión”, declaró otra dirigente de ese centro de estudios al periodista Leo Sarro. Y otra más entrevistada por Emiliano Cotelo, llegó a reconocer que las autoridades habían ofrecido emplazar bastidores para que los estudiantes agremiados expresaran sus reivindicaciones, pero que estos se negaron enfáticamente: reivindican su supuesto derecho a enchastrar la fachada de un edificio público.
Tiene razón Burel: este no es el Uruguay de nuestros abuelos.
Qué lástima que la inmensa mayoría de docentes cultos y respetuosos con que contamos en nuestro país no haga escuchar su voz con la misma fuerza. Llega un momento en que hay que deponer miedos e indiferencias y hacer valer la sensatez.