El tabaco, el gobierno y la libertad

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La libertad hay que defenderla de verdad, no solo con palabras”, dijo hace unos días la intendenta Carolina Cosse.

Lo hizo para criticar al secretario de Presidencia, Alvaro Delgado, en relación a un choque de éste con una periodista de TV Ciudad que lo había cuestionado por los cambios en las reglamentaciones de la venta de tabaco. Cambios que la propia Cosse había calificado, con su habitual mesura y modestia, como “un atentado a la salud pública”.

Lo curioso es que Cosse haya optado en este tema por mencionar la palabra “libertad”, valor que no suele figurar entre los más apreciados por la izquierda en general, ni por Cosse en particular. Y en un tema donde se ha marcado de manera más explícita la forma en que la dirigencia del Frente Amplio parece creer que el Estado tiene un rol directamente paternal a la hora de tutelar a sus ciudadanos.

Veamos primero cuales fueron los cambios a las normas que tanta molestia han generado en filas de la oposición. Básicamente, lo único que cambió es que las marcas que venden tabaco puedan incluir su logo en las cajas que contienen el producto. Y que las mismas puedan ser de distintos materiales, para estar en consonancia con el tipo de envase que traen los productos de contrabando, para evitar que los consumidores opten por cigarrillos que no tienen el mismo nivel de control sanitario.

Como bien dijo el ministro de Salud, Daniel Salinas, “no hay un cambio a nivel impositivo, no hay un cambio en los pictogramas de advertencia”. “Los pictogramas donde aparece ‘cuidado, puede generar cáncer’, eso va a seguir presente. Es como el rotulado frontal, va a seguir presente. La prohibición de publicidad sigue presente”. “Pensamos que no es lesivo en los derechos de información del consumidor”.

Queda claro entonces que no hay cambios de fondo en la materia que justifiquen la alarma desesperante de Carolina Cosse. Pero su declamación, con apelación a la libertad incluida, sirven para profundizar en una materia importante y que suele quedar relegada en el debate público.

Es incomprensible que se pueda hacer todo este ruido por una medida administrativa menor. El esfuerzo del Estado uruguayo por convencer a la gente de no fumar, debe hacerse en base a información, y no con un paternalismo absurdo.

El consumo de tabaco es malo para la salud. Se trata de algo que es conocido hace ya varios años, y por lo cual los gobiernos de todo el mundo han tomado medidas para desestimular su uso. Uruguay de la mano de Tabaré Vázquez tomó medidas realmente draconianas para frenar el consumo de tabaco en el país, incluso algunas que limitaban seriamente la libertad de expresión y de comercio.

La sociedad de alguna forma fue tolerante con estas medidas, en el entendido de que eran una forma de contrarrestar un hábito generado durante muchos años, y fomentado de manera explícita por la masiva publicidad que impuso la industria tabacalera.

Ahora bien, eso fue ya hace años, y hoy no hay nadie mínimamente informado que no sepa de los estragos que produce el acto de fumar en la salud. Y si alguien todavía no se había enterado, las imágenes francamente repugnantes que incluyen todas las cajas de cigarrillos que se venden en el país, lo habrán puesto en antecedentes. No hay manera de escapar a las mismas, ni siquiera cuando se acude a un quiosco a comprar un diario o unas pastillas, y se ve enfrentado a esos seres moribundos y deformes que adornan los productos con tabaco, por obligación legal.

Sin embargo, y en uso de su libertad, hay personas que siguen optando por fumar. Una decisión francamente difícil de entender, pero que no corresponde al Estado, al gobierno, ni a los políticos, ponerse a cuestionar.

Si aceptáramos que el Estado tiene derecho a meterse en lo que consume o deja de consumir un ciudadano mayor de edad, deberíamos compartir que se prohibiera el consumo de tabaco. Algo estúpido, contraproducente, pero que además chocaría con el camino de legalización de otras drogas, que los gobiernos del propio Frente Amplio han iniciado hace ya varios años.

Resulta entonces totalmente incomprensible que se pueda hacer todo este ruido por una medida administrativa menor. El esfuerzo del Estado uruguayo por convencer a la gente de no fumar, debe hacerse en base a información, y con respeto a la capacidad intelectual y a la libertad de los ciudadanos. Pasado el empuje inicial que podía justificar algún exceso, no hay ya motivos ni razones para seguir con una especie de cruzada hemipléjica contra algunos productos de consumo masivo, mientras que otros que generan casi el mismo daño, se venden libremente, y hasta se fomentan.

A la libertad hay que defenderla de verdad, no solo con palabras.

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