La referencia del título es a aquellas declaraciones de la senadora Topolansky, que frente a buenos resultados de encuestas hacia la candidatura de Lacalle Pou en el proceso electoral de 2014, declaró que “el susto despertó al mamado”, dando a entender que ellos fueron claves para que el Frente Amplio (FA) reaccionara y lograra en octubre de ese año alcanzar la mayoría absoluta en el Parlamento y luego elegir presidente a Vázquez.
Más allá de que falte más de un año y medio para las elecciones de octubre de 2024, y que por tanto todo resultado de encuestas hoy deba ser tomados con pinzas; y más allá también de que este 2023 tiene por delante aún una agenda de reformas y de implementación de cambios relevantes que seguramente tendrán consecuencias electorales para el año que viene, lo cierto es que es innegable que los últimos guarismos de intención de voto para el FA, junto con los de los partidos de la Coalición Republicana (CR), debieran de oficiar del “susto que despierta al mamado”. Y hay dos grandes motivos para ello.
En primer lugar, porque el FA está en posiciones mucho más altas de lo que ocurrió hace cinco años, es decir, a esta altura del período político que terminó con la derrota de la izquierda en 2019. Si bien es cierto que cuando triunfó en 2009 o en 2014 sus resultados eran mejores que los de hoy en día, considerando siempre la misma época en el período inter-elecciones, la verdad es que estamos ante un FA con mejor intención de voto que la que efectivamente obtuvo en octubre de 2019.
En segundo lugar, porque a pesar de que aún falta definir quiénes serán efectivamente los que compitan como candidatos a presidente por cada partido, la pre-oferta izquierdista parece hoy bastante mejor aspectada a los ojos de la opinión pública que la que ofrecía en 2019. En concreto, por ejemplo, una fórmula que termine siendo Orsi-Cosse es incomparablemente más seductora que un Martínez que ni siquiera había arrasado en la interna del FA de 2019, acompañado de una dirigente de tercer nivel que, como ocurre muchas veces en la izquierda, se presentaba al mundo mintiendo sobre un título universitario que en verdad no poseía, y que gustaba hacer declaraciones como si viviera en los años 60.
La verdad es que, si bien falta que corra mucha agua bajo el puente, no es posible que la CR piense razonablemente que puede aspirar a retener el poder ganando las elecciones de 2024 si mantiene su pasmosa pasividad en el debate público. En efecto, la izquierda ha sido una máquina de atacar al gobierno desde la primera semana de marzo de 2020: organizó un caceroleo en pleno inicio de la pandemia; juntó firmas para derogar artículos que en algunos casos ella misma había votado en el Parlamento; llevó adelante una campaña de mentiras contra la ley de urgente consideración que incluía dislates tales como la “privatización de la educación”; y hoy se planta en una oposición cerril e irresponsable con tal de boicotear una reforma de la seguridad social seria, posible, armónica, amplia y sobre todas las cosas muy gradualista.
Frente a una campaña de calumnias que no cede y que es capaz de poner en tela de juicio a las bases mismas de la convivencia republicana -como cuando se llevó puesta, por ejemplo, a la fiscal Fossati a partir del momento en que decidió que el representante del FA Leal pasaría a ser indagado en el caso Astesiano-, los partidos de la CR no toman el toro por las astas y enfrentan duramente a la izquierda.
Algunos dicen que no conviene hacerlo porque se agrava la grieta; otros dicen que a pesar de todo la CR ganó en marzo pasado el referéndum y por tanto sigue habiendo una mayoría ciudadana que apoya al gobierno. Empero, lo cierto es que tanto va el cántaro al agua que al final se rompe: incluso ya hay hoy un relato izquierdista que procura hacer creer que el Uruguay no fue de los mejores del mundo en enfrentar la pandemia; o que no hemos sido de los países que más se ha preocupado por proteger a los sectores más vulnerables que sufrieron las consecuencias sociales y económicas de la tragedia del Covid-19.
Los resultados de estas encuestas de inicio del otoño de 2023 deben hacer reaccionar a los partidos de la CR. Cada uno hablándole a su público, deben pasar a tomar la iniciativa de forma de defender lo mucho y muy bien que se ha hecho en estos años, y sobre todo enfrentar sin pelos en la lengua la campaña de mentiras infames que extiende una izquierda feroz cuyo único objetivo es volver al poder a toda costa. Que el “susto despierte al mamado”.