El portland como mal negocio

Ancap busca socios para recuperar el negocio del port-land. El Frente Amplio entiende que el procedimiento elegido va contra el artículo 188 de la Constitución y pide la nulidad del procedimiento iniciado.

Las formas legales importan, por cierto y habrá que ver cómo sigue esto. Aun así, todo indica que Ancap no está pensando en algo contrario al artículo 188. No busca un socio para la empresa, con aporte de capital y un sillón en el directorio, sino un acuerdo con algún privado para trabajar exclusivamente en la producción de cal, donde está el problema: Ancap trabajando con un socio funcional, no un accionista. Eso al menos es lo que parece entenderse. Hay algo evidente: si Ancap tomó este camino es porque por si mismo no logra hacer redituable ese rubro. Hace muchos años que se ha vuelto un drenaje de dinero sin fin. Si la salida que propone la empresa no es viable, queda la alternativa de cerrar la producción de portland. Liquidar y terminar con las pérdidas.

Una empresa común y corriente manejaría esas dos variables. Cuando algo no funciona, o busca algún conocedor dispuesto a aportar equipos y conocimientos para recuperar lo que hasta ese momento parecía irrecuperable, o se cierra la empresa.

Muchas veces la segunda opción es la más frecuente; se corta por lo sano.

El problema es que Ancap es del Estado y por lo tanto aún fundida debe seguir funcionando. Ocurrió en la época que la presidía Raúl Sendic. De haber sido privada, hubiera cerrado. Como era del Estado, el gobierno debió rescatarla volcando un monto impresionante que, como siempre, proviene de los contribuyentes. Según los jerarcas, lo que se busca es “rescatar un negocio emblemático para Ancap y para el país y que por error o por omisión, ha sido fatalmente descuidado”.

No se trata de privatizar por convicciones supuestamente “neoliberales”. Lo que se plantea es mucho más simple y urgente y está dicho con toda franqueza. Ante algo que hace rato no anda bien, es hora de arreglarlo cuanto antes.

Sería muy mala política (de hecho ya se está haciendo) que una empresa que atiende varios rubros, subsidie con el dinero de lo que le va bien, a aquello que la va mal, por la simple razón de que el perjudicado siempre será el cliente.

Si eso es mala política, pasa a ser indecente cuando la empresa importa y distribuye en forma monopólica algo tan fundamental como el combustible sin tener competidores. Al no haber quien le ponga techo al precio de ese producto, perfectamente puede tapar el agujero del portland, subiendo el precio de la nafta. ¿Quién se dará cuenta que lo mucho que se cobra por la nafta, por ejemplo, se usa para seguir produciendo portland a pura pérdida?

La única solución para el Frente Amplio parece ser mantener el negocio del portland solo en manos del Estado. Eso, aunque dé pérdida y aunque nos perjudique a todos.

Esta administración llegó con la clara intención de sincerar esa realidad y por eso tomó la medida. La bancada del Frente Amplio no está de acuerdo y optó por presentar una acción de nulidad ante el TCA. La única solución para el Frente es mantener el negocio del portland solo en manos del Estado. Aunque dé pérdida y aunque nos perjudique a todos.

Detrás de esto, como siempre, está el sindicato que celebró la decisión del Frente. Es que la Federación Ancap, hoy uno de los sindicatos más duros, se maneja como si fuera la dueña de la empresa estatal. Se ha dicho que cada vez que al defender la empresa pública, usa la ambigua (cuando no perversa) consigna de que “la empresa es nuestra”, ese “nuestra” no se refiere a que es de nosotros, todos los uruguayos, sino que es de nosotros (ellos), los sindicalistas.

En el mundo real, si un negocio no funciona, como dijimos líneas arriba, se cierra. Eso quiere decir entre otras cosas, despedir al personal, pasarlo a seguro de paro y pagarle la indemnización. Algo que los trabajadores de la actividad privada conocen, sufren y viven y por lo general, se sobreponen.

El empleado público sabe que a él eso jamás le pasará. Pero igual se resiste a cambios, modificaciones, reestructuraciones, traslados como si ellos fueron los grandes perdedores. Y no es así. En esos casos una empresa pública reduce el drenaje solo hasta un punto, porque se queda con el personal al que de modo alguno puede despedir. Sí, lo cambia de lugar, de tarea quizás, y como es obvio, de rutinas cotidianas. Pero mantiene el empleo y el sueldo. Pese a tamaño privilegio frente a los privados, en lugar de celebrar se resisten.

Lo del portland es serio y eso lo sabe el Frente y el sindicato. Lo sabe la población entera. Lo que se busca es corregirlo. Los trancazos, a esta altura, en nada ayudan.

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