Hace algunas semanas señalamos el sincericidio de un dirigente liceal del Instituto Alfredo Vásquez Acevedo, que había admitido que su organización gremial contaba con apenas 30 adherentes y que fue esa escasa minoría la que promovió el conflicto que impidió el acceso a las aulas de los restantes cerca de 3.000 estudiantes del instituto. Ese trancazo recibió el aplauso, por una rebeldía supuestamente heroica, de dirigentes políticos de primera línea del Frente Amplio (FA).
Hace unos días, la divulgación de una encuesta de la empresa Equipos reveló otro absurdo sinsentido. Se midieron los niveles de conocimiento y adhesión al paro convocado por el Pit-Cnt para el pasado 25 de abril: el 75% estaba al tanto de la convocatoria y solo el 25% restante la desconocía.
Pero vea el lector hasta qué punto cambian esas proporciones cuando se preguntó si efectivamente cumplieron con el paro o desempeñaron su actividad laboral como todos los días: el 68% fue a trabajar y apenas el 12% adhirió a la medida gremial. El 20% restante explicitó que no asistió al trabajo porque no pudo.
Por si fuera poco, esos índices no han variado en otras dos instancias evaluadas desde que asumió el actual gobierno: en setiembre de 2020, el 69% fue a trabajar y solo el 6% hizo paro; en junio de 2021, los índices fueron de 71% y 12% respectivamente.
La conclusión de todo esto es cristalina: la cúpula del Pit-Cnt solo es exitosa en su capacidad de comunicar sus convocatorias (tal vez se entere de ellas más gente que la que se informa sobre los logros cotidianos del gobierno), pero la inmensa mayoría de la ciudadanía trabajadora decide incumplirlas a consciencia. Y a ello se agrega un 20% particularmente vulnerado: porque al no poder concurrir a su trabajo -seguramente por la ausencia de transporte público-, se le descuenta el día (aunque tuviera la intención de asistir).
Es una penosa comprobación que debería ser analizada seriamente por el sistema político y la organización sindical.
El paro del 25 de abril se intentó justificar como una protesta contra la ley de seguridad social impulsada por el gobierno, una reforma que se sabía debía abordarse y que los tres gobiernos anteriores, pertenecientes a ese brazo político del Pit-Cnt que es el FA, habían pateado irresponsablemente para adelante.
En tiempo y forma, se convocó a una comisión de expertos multipartidaria -donde hubo frenteamplistas que no hicieron un solo aporte- y se escuchó a todos los sectores, Pit-Cnt incluido. El presidente Lacalle Pou llegó al extremo de concurrir a la sede del FA con el proyecto de ley, donde, cómicamente, los propios militantes opositores le pidieron selfies.
Finalmente, la ley fue votada por mayoría en ambas cámaras.
Una encuesta reveló un nuevo absurdo sinsentido, que no fue tan bochornoso como el del IAVA, pero casi: solo un magro 12% de los trabajadores adhirió al paro del pasado 25 de abril y la abrumadora mayoría del 68% decidió ir a trabajar.
Todo esto no impidió que la central sindical, con el aplauso siempre listo del partido opositor, convocara a un paro que tuvo la ínfima adhesión mencionada.
No fue tan bochornoso como el ejemplo del IAVA, pero casi: un magro 12% de los trabajadores coartaron la libertad de trabajo del 88% restante.
Otra vez aparecen las minorías iluminadas, desconociendo la voluntad mayoritaria y distorsionando la calidad democrática con presiones nula o escasamente representativas.
No debería llamarnos a sorpresa, teniendo en cuenta que en el último acto del primero de mayo, el Pit-Cnt dio lugar en su lista de oradores oficiales a un representante de la lastimosa organización sindical amarilla de la dictadura cubana. El aplaudido delegado nada dijo de sus compañeros presos y silenciados por manifestarse contra ese régimen.
El magro 12% que adhirió al paro de abril es el núcleo duro de una ínfima minoría ciudadana que descree de la democracia liberal y republicana, pero tiene demasiada prensa y, más grave todavía, anuencia de una fuerza política de izquierda que debería estar dando mejores pruebas de apego a la institucionalidad.
Es algo sobre lo que deberían reflexionar quienes aún simpatizan con el FA desde una convicción socialdemócrata.
Cada día más, la línea que separa a los dos bloques políticos es la que divide a demócratas de colectivistas.