El liberalismo conservador

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El lanzamiento del nuevo libro de Gerardo Caetano titulado “El liberalismo conservador” ha sido promocionado ampliamente en estos días, incluyendo dos presentaciones con Blanca Rodríguez en una ocasión y Yamandú Orsi en la otra.

El tema y el autor merecen algunos comentarios, dado que Caetano incursiona de lleno en el debate de ideas y en el debate político a la vez, en un ejemplo ramplón de los usos políticos de la historia que estudiara brillantemente su colega José Rilla.

Este volumen viene a ser el complemento de “La República batllista”, publicado en 2011, de forma que cierra en una especie de díptico en que el autor analiza las que entiende son las dos principales corrientes ideológicas del Uruguay de fines del siglo XIX y las primeras tres décadas del XX, el “republicanismo solidarista” y el “liberalismo conservador”. El abordaje podría tener algún asidero, más allá de la connotación positiva a unos -“solidarios”- y negativa a otros -“conservadores”-, es razonable pensar en dos grandes grupos ideológicos en pugna en esa etapa como en cualquiera.

El análisis de Caetano, sin embargo, no es ecuánime ni equilibrado. Es una historia de buenos y malos, con héroes solidarios de un lado y villanos egoístas del otro, ejemplos sobran de frases concretas a lo largo del libro. Como en la obra de José Pedro Barrán titulada “Los conservadores uruguayos 1870-1933” los prejuicios toman el lugar de los juicios y el historiador se desdibuja para dar lugar a un relato tendencioso.

Para Caetano los liberales conservadores “casi siempre partían de perspectivas elitistas” y tenían una “disponibilidad autoritaria” manifestada en la adhesión de algunos personajes al fascismo. Es innegable que hubo personajes políticos e intelectuales con simpatías por el fascismo. Ahora bien ¿qué tenían de liberales esas personas? ¿Cómo se llega a esa conclusión por algunos casos puntuales? ¿Por qué no se señala lo mismo sobre varios “republicanos solidaristas” que tuvieron notorias simpatías totalitarias?

La propia agrupación de personajes de épocas distintas y contextos dispares en una categoría simplificadora no cierra. No es lo mismo Carlos de Castro que José Irureta Goyena, o Martín C. Martínez que Carlos Reyles y, ni que hablar, Pedro Manini Ríos que Luis Alberto de Herrera. Caetano tiene una gran incomprensión de qué es el liberalismo y lo que es el conservadurismo, quizá porque en la bibliografía de su libro aparecen excepcionalmente autores contemporáneos de estas tendencias, siendo casi todos los libros citados de interpretaciones críticas. Esto es especialmente notorio en términos de teoría política, pero lo es también en cuanto a autores de historia nacional.

Muchos liberales dieron su vida por la democracia y por el país a lo largo de la historia, defendieron ideas a contracorriente con grandes perjuicios personales y fueron fundamentales para explicar la democracia y la libertad de que hoy gozamos, lo que para Caetano pasa totalmente desapercibido.

El análisis de Caetano no es ecuánime ni equilibrado. Es una historia de buenos y malos, con héroes solidarios de un lado y villanos egoístas del otro.

De todas formas para dejar claro que no es un libro escrito por un historiador imparcial están las propias declaraciones de Caetano por estos días en distintos medios. En una entrevista en M24 declaró que “Hoy tenemos una visión extrema de aquel liberalismo conservador, encarnada en el neoherrerismo de Lacalle Pou”, cuando nadie en su sano juicio puede catalogar al gobierno actual de extremo en ningún sentido. En otra entrevista en Búsqueda afirmó que el gobierno tiene aspiraciones “refundacionales”, lo cual también es evidentemente falso y no puede citarse una iniciativa para defender tamaño desvarío.

El libro de Caetano no aporta ninguna novedad a un lector medianamente familiarizado con la historia nacional, salvo conocer sus propios problemas psicológicos con quienes enfrentaron con valentía y decisión al primer batllismo. Si le sumamos algunas notas de prensa también conocemos que el gobierno democrático que actualmente tiene nuestro país le resulta insoportable.

Lo que resulta innegable es que para Gerardo Caetano escribir libros de historia es parte de su tarea como militante político orgánico del Frente Amplio; hurga en el pasado para extrapolar situaciones incomparables con el presente procurando pegarle al gobierno que nos hemos dado los uruguayos.

Desbocado en las entrevistas y algo más velado cuando escribe, siempre está el militante cercano a la barricada y lejano del juicio sereno del historiador. Es una elección respetable, pero que no venda gato por liebre haciéndose pasar por un intelectual apolítico.

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