Quienes han seguido de cerca el asunto por estar involucrados en él o por otros motivos estimulantes a su interés, hicieron correr la sensación en la opinión pública que si la Dra. Mariela Sasson hubiera accedido a la Suprema Corte de Justicia, habría dado vuelta el fallo anterior de la Corte, pronunciándose a favor de la constitucionalidad del IRPF a las pasividades. Esto era y es una barbaridad. El calificativo se explica, no porque la Sra. ministra no tuviera fundamentos técnicos para apoyar esta solución en un tema que se está decidiendo muy ajustadamente porque es de ardua definición técnica, sino porque se rumoreó con insistencia que ese voto estaría influido por razones partidarias. Ese rumor se gestó en el plano político, especialmente dentro del Frente Amplio por su insistencia inicial en esperar el plazo de 90 días para el ascenso automático y más especialmente por unos comentarios entre dientes de Mujica que, refunfuñando y de espaldas a lo que dice la Constitución, afirmó que al Dr. Larrieux le correspondía acceder al TCA. Alimentar las suspicacias de la gente respecto de esta clase de sugeridas desviaciones de conducta de integrantes de una Justicia esencialmente digna como la nuestra -la dignidad lo dice todo- es una canallada. Afortunadamente, en el seno del Frente Amplio primó la cordura, con el procedimiento que prioritariamente ha querido el Constituyente para la designación de los miembros de la Suprema Corte de Justicia y también del Tribunal de lo Contencioso Administrativo, que es el acuerdo político que les dé el respaldo necesario para ejercer con independencia tan delicada función.
Pero más que razones de principios, lo más probable es que en la decisión del Frente Amplio de acordar con el Partido Nacional, haya influido decisivamente la gravitación de una convicción difícil de controvertir y es que este partido ya está jugado.
Que el gobierno no haya querido que los expedientes se sortearan entre distintos ministros para dar el quinto voto para evitar un caos, es un argumento frágil, porque ese quinto voto no podía tener otro contenido que el de la alternativa de hierro: la ley es constitucional o no lo es, y no caben otras opciones. Y eso es lo que hubiera votado la Dra. Sasson y lo que votó el Dr. Larrieux, una u otra solución, porque no hay más para inventar.
Entonces, en cualquier caso, y pase lo que pase, si los fallos de la Corte con su nueva integración, fueran contrarios a las primeras decenas de sentencias, inevitablemente se producirá una consecuencia que no puede ser deseable para nadie, pero especialmente para la lógica del sistema jurídico del país, y es que los jubilados se dividan tajantemente entre unos miles a quienes no sólo no se les aplica el impuesto y se les debe devolver el dinero retenido porque ganaron sus juicios, y otros miles que seguirán pagando. Esto no lo resiste el concepto mismo de Justicia, el valor Justicia, la equidad, el sentido común, en una palabra, la seriedad nacional. Eso es lo que el gobierno se decidió a defender, si bien con ciertas vacilaciones como dijimos. Pero lo importante es que se decidió.
En nuestra opinión, porque no puede existir esa división por clases de felices y desgraciados entre quienes en definitiva son iguales, a la primera sentencia de la Corte se debió derogar de inmediato el impuesto. Entre otras razones además, porque la eventual derogación al dejar sin objeto los juicios pendientes de sentencia, podría interpretarse -es un tema discutible- como un ahorro de mucho dinero si se llegara a la conclusión que no corresponde la devolución de las retenciones mal habidas que se hicieron efectivas desde julio a hoy. Pero decidieron jugarse la parada. Entonces, si el voto del Dr. Larrieux en los primeros expedientes en que se pronuncie, fuere a favor de la inconstitucionalidad, el tema quedará terminado y el impuesto se derogará. Y si no, lo lógico es que se llegue a la misma solución en caso contrario, solo que dejando mejor parado al gobierno que hoy sufre un tanteador en contra de trece a cero.
No estamos haciendo futurología, sino razonando sobre lo que nos parece el final lógico de este episodio. Opinamos que la suerte del IRPF a las pasividades, está sellada.
Eso no quiere decir que no se busque otra fórmula para rascarles los bolsillos a los jubilados.
Al fin y al cabo la venganza es el placer de los dioses. Pero esa es, y será otra historia.