El coraje de cambiar

Llega un momento en el que uno se pregunta ¿hasta cuándo? Hasta cuándo tanta reunión, tantos seminarios, tanto editorial, tanta exposición de los hechos, y en el ínterin la educación -a ella nos referimos-, se sigue desplomando… No es de ahora, pero pocas veces el golpe letal se encontró tan cercano y peligroso.

Lo que los antiguos griegos aprendieron como primera sociedad intelectual y filosófica, es que es mayor el peligro para nuestras esperanzas, nuestra fortaleza y nuestro orgullo, el aventurarnos en la batalla de las ideas, que asesinar a un hombre que no está de acuerdo con nosotros y que el hacerlo (a las ideas nos estamos refiriendo), requiere proporcionalmente una cuota mayor de coraje.

La gente tiende a pensar en la valentía como una virtud guerrera, prima hermana de la heroicidad, que pertenece al campo de la batalla o donde quiera que sean necesarias la resistencia, el tesón y la determinación, frente a un desafío físico. Esto es cierto; pero las agallas se demuestran con frecuencia sin tanto aspaviento, porque son necesarias, además, para el diario vivir y sus problemas.

La vida cotidiana concita un valor más extraordinario que el combate o las aventuras; el de enfrentarse a lo nuevo y aceptar lo diferente, en los accidentes que nos brinda la experiencia.

El atreverse es una especie de salvación, dijo Platón, y aquí y ahora hace falta bravura para cambiar y salvarnos como nación y no continuar en esta debacle educativa que nos dejará a la vera del camino y sin el menor atisbo de futuro para las generaciones venideras. Estarán condenadas, sin opción para luchar por su progreso y bienestar.

Repetimos como un sonsonete de tono monótono, los recientes resultados de las pruebas PISA que nos muestran que estamos igual que en 2006, mientras que el resto de los países siguió su carrera ascendente. Entre otras tantas desventuras.

La ex secretaria del Codicen, hoy Directora del Liceo Bauzá, Graciela Bianchi, ha denunciado públicamente (entre muchas figuras con autoridad) el nivel paupérrimo de nuestra enseñanza, la intensa deserción estudiantil, el poco compromiso de los docentes, el estado mental de los estudiantes, proclives a dejar de estudiar y no asumir compromiso con el futuro. Y ello a todos los niveles: empezando por Primaria y de ahí para delante en la misma tónica. Los estudiantes no son preparados para afrontar los desafíos de un mundo globalizado y cada vez más tecnificado.

Estamos como una noria, girando sin avanzar, sin estímulos, desfalleciendo, pausada pero inexorablemente, por inanición.

Sr. Presidente Mujica… hay que poner ímpetu para modificar esta situación, para que la agonía se transforme en esperanza. Tal vez el coraje requiera del temor para aflorar, porque la intrepidez y el miedo no son incompatibles.

El orador temeroso que sube a un estrado, el tembloroso actor amateur que se presenta a teatro lleno, el paciente de hospital que con nervios se somete a agujas y bisturí; todos manifiestan ánimo y disposición a superar el desafío. Usted tendrá que soportar el embate del corporativismo docente, moralistas que intentan imponer en los otros, su visión de cómo se debe vivir, especuladores con la intemperancia del que piensa distinto. No olvidamos que hay una ley vigente, pero con su decisión de terminar con este estado de cosas cuyos resultados rompe los ojos, abrirá una cuota de esperanza al porvenir sobre todo en aquellos más desamparados que son las víctimas principales de esta situación.

Hoy, una enorme juventud vive el presente sin las expectativas del mañana; no está preparada para desafíos que impone este mundo globalizado. Hay que cambiarles la cabeza, un drástico cambio cultural, pero para ello hay que tener la firme decisión de cambiar lo que viene sucediendo.

Nada más perentorio, nada más trascendente. Basta de retórica. Coraje.

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