En la montaña rusa en que se ha convertido últimamente la agenda informativa, uno de los temas del momento es, sin duda, la ocupación del Instituto Alfredo Vásquez Acevedo (IAVA) y el paro de docentes afiliados a Fenapes a nivel nacional… por culpa de un candado. El guionista de Dios no podía haber elegido un objeto con más contenido simbólico.
La trama se parece a una de esas comedias de enredos donde una situación nimia se va complicando incomprensiblemente, al punto que termina en un cataclismo. Podría ser un sketch de Capusotto o una secuencia del delirante personaje de Borat que interpreta Sacha Baron Cohen, pero está ocurriendo de verdad, aquí y ahora. La única diferencia con esos insignes antecedentes, es que el remate no causa hilaridad, sino todo lo contrario.
La historia comenzó con la iniciativa de construir una rampa para mejorar la accesibilidad al establecimiento desde la calle Eduardo Acevedo. Esta debía pasar necesariamente por un pasillo que para los estudiantes sindicalizados oficia de salón gremial. Se les solicitó que lo mudaran a otro lugar e incluso se les ofreció ayuda para concretarlo, pero el gremio se opuso, debido a que ese era “un espacio emblemático” porque por allí “entraba la policía para llevarse a profesores y alumnos en la época de la dictadura”, según informaron a la directora de Secundaria Jennifer Cherro. El traslado, para el vocero del gremio Gerónimo Sena, sería un acto de “censura”, porque este salón “es resistencia y memoria”.
Para impedir semejante “atropello”, los estudiantes agremiados cerraron el pasillo con cadena y candado. Así nomás. El viernes las autoridades los quitaron y reemplazaron por otro cerramiento. En respuesta, los jóvenes lo forzaron sin recibir sanción del director del Instituto, quien admitió además que no tenía en su poder las llaves porque estaban en manos de ellos.
De ahí los acontecimientos se sucedieron en cascada: el departamento jurídico de Secundaria dictaminó que la falta del director ameritaba una suspensión y, cuando esta se hizo efectiva, encontraron la excusa que necesitaban y desencadenaron la ocupación del IAVA y un paro de alcance nacional.
Los ocupas dicen que la ley los ampara y se equivocan: el decreto que desde 2010 impide la ocupación de edificios públicos no lo firmó ni Trump, ni Bolsonaro ,ni el Goyo Álvarez: lo hizo el entonces presidente José Mujica. Y amparado en él, el gobierno de Tabaré Vázquez debió enviar a la Guardia Republicana a desalojar la sede de Anep en 2015. Son hechos que contrastan con la inesperada visita “solidaria” a los ocupantes realizada por el presidente del FA Fernando Pereira, en solidaridad con “un profesor que claramente fue sancionado de forma asustante e injusta”. Pero ya se sabe: donde hay alguna chance para salir en cámaras enchastrando al gobierno, ¿quién se fija en tan pequeñas contradicciones?
Porque lo malo de todo esto no es que un puñado de adolescentes ensayen sus primeras aventuras revolucionarias: están en la edad y condición de expresar su rebeldía como pueden, aunque desconozcan el ordenamiento jurídico.
Lo verdaderamente grave está en los otros dos actores de esta tragicomedia: un gremio docente que los defiende (en el que participa un director que no ejerce la autoridad requerida para su cargo) y una dirigencia política opositora que se sube a cualquier bondi con tal de hacer campaña electoral.
Lo malo de todo esto no es que un puñado de adolescentes ensayen sus primeras aventuras revolucionarias. Lo grave está en los otros dos actores de esta tragicomedia: un gremio docente que los defiende, y una dirigencia política opositora que se sube a cualquier ómnibus.
Resulta patético que un candado colocado indebidamente en un edificio público por un grupo de chiquilines culmine en un paro que deja sin clases a cientos o miles de estudiantes de la enseñanza pública de todo el país. Bochornoso que se tome semejante medida de lucha contra Secundaria, solo por haber suspendido a un funcionario en cumplimiento del más elemental principio de autoridad, y que los mismos políticos que llevaron la educación estatal a nivel de zócalo, ahora se pongan del lado de quien entrega la llave de un liceo a los alumnos para que hagan lo que quieran.
En su comunicado, Fenapes habla de “desmedido atropello de Secundaria, en un accionar propio de épocas oscuras”, califica el hecho de “triste capítulo de la vida democrática” y llega a acusar a la actual administración de abrazar “normas de la dictadura fascista”.
Es bueno escuchar a legisladores frenteamplistas y sindicalistas docentes -otrora enfrentados, hoy aliados contra la Transformación Educativa- para tomar una dimensión exacta de cuán bajo podrían llegar en un nuevo desbarranque de la enseñanza, si un día vuelven al gobierno.