La crisis con el suministro de agua de OSE debido a la histórica sequía que enfrentamos viene a desnudar algunos temas de largo plazo que cuestan encarar. Una inversión cuantiosa en temas que en general no son apreciados por la población tiende a ir quedando para atrás, aunque sea clave en términos de calidad de vida. Así, los intereses político-partidarios de corto plazo sujetos a un sistema de incentivos perversos terminan por encima de los intereses de largo plazo de la sociedad toda.
En efecto, durante los tres lustros de administraciones frentistas sobró el dinero. Antel construyó un estadio de forma inconstitucional que costó el triple de lo proyectado; Ancap perdió unos 1.000 millones de dólares, incluyendo la compra de un horno de 80 millones de dólares que nunca siquiera llegó a instalarse; y se ejecutaron decenas de programas sin sentido, en una lista cuya enumeración completa sería interminable.
Sin embargo, luego de 15 años en que se duplicó el gasto público en términos reales, OSE no invirtió en resolver la pérdida del 50% del agua potable que genera. No hizo una sola obra importante: sus propuestas quedaron relegadas porque los incentivos políticos pautaron que era más redituable construir, por ejemplo, el Antel Arena.
Es evidente que problemas graves como los que hoy enfrentamos son consecuencia de dos causas muy claras: una sequía excepcional y la falta de previsión de los gobiernos anteriores, especialmente de los que tuvieron recursos para gastar. Como es de público conocimiento, el gobierno actual no hubiera podido revertir la situación ni aunque hubiera empezado con las grandes obras de infraestructura necesarias el 1° de marzo de 2020. Más aún, está comenzando ahora el llamado proyecto Neptuno para que los próximos gobiernos no deban lidiar con este tipo de inconvenientes, algo que debe encomiarse.
Las medidas anunciadas el lunes reflejan sensatez. El Uruguay se enfrenta a problemas que se genera a sí mismo. Cuando nos enfrentamos a crisis de este tipo todo el mundo habla de políticas de Estado y consensos de largo plazo, que rápidamente se olvidan cuando el problema queda superado. Es solo gracias a las decisiones fuera de lo convencional de algunos gobiernos, siguiendo la máxima de Herrera de que gobernar es prever, ver más allá de la loma, que logramos superar ciertos temas cuya discusión se eterniza a lo largo de décadas.
La solución de fondo, para no depender del patriotismo de un gobierno que en general termina siendo castigado por una oposición oportunista, es cambiar el sistema de incentivos, vale decir, que particularmente las empresas públicas tengan los premios y castigos adecuados para que sus directorios y cuerpos gerenciales tomen decisiones alineadas con el verdadero interés nacional.
Las empresas públicas bien evaluadas han sido más un dolor de cabeza que una solución para el país, aunque los sindicatos respectivos nos han convencido de lo contrario con fábulas de piratas y soberanía nacional.
¿Cómo lograr que en vez de que el presidente de un ente pose orgulloso para las cámaras cuando inaugura una nueva oficina para sus burócratas o un divertimiento para la población, pose orgulloso cuando realiza una obra de infraestructura vital pero que no luce?
Este es quizás el mayor desafío. Seguramente el hoy casti-gado presidente de OSE Raúl Montero sea bien evaluado cuando pase (o mejor dicho llegue) la tormenta, así como hoy por hoy existen muy buenos jerarcas al frente de empresas públicas, como el caso de Gabriel Gurméndez en Antel. Pero lo ideal es no depender de colocar a las personas adecuadas, sino de que las reglas sean tales que, sea quien sea que esté al frente, deba actuar de la mejor forma posible.
Las empresas públicas uruguayas bien evaluadas han sido y son más un dolor de cabeza que una solución para los habitantes de nuestro país, aunque los sindicatos respectivos nos han convencido de lo contrario con fábulas de piratas y soberanía nacional. En buena medida el fin de sus monopolios también es una solución, aunque parcial, en que debe avanzarse, como lo intentó el actual gobierno con el tema de los combustibles.
La gobernanza de las empresas públicas, en definitiva, vuelve al tapete y sería muy bueno saber qué opinan al respecto los aspirantes a ocupar la residencia de Suárez en el próximo período.