HACE algunos días se pudo ver, a través de la televisión, lo poco que había quedado después de un lamentable incendio que destruyó la modesta vivienda ocupada por una mujer con siete hijos, embarazada de un octavo, sin recursos, prácticamente en la calle, apelando a la solidaridad de la población. En el mismo momento, un vecino de la ciudad de Rocha, circulando en un carro donde iban su esposa y cinco hijos, trasmitió las dificultades que estaba atravesando y las carencias que padecía. Al margen de esos dos casos concretos, se presentan con penosa frecuencia otros iguales o similares, de madres, jóvenes o mayores de edad; casadas o no y no siempre con pareja estable, a quienes acompañan cinco, seis o siete hijos y, a veces, esperando uno más.
Detrás de esos ejemplos se encuentra la otra cara de uno de los problemas más importantes —desde el punto de vista social—, que está afectando hoy a nuestro país, tanto en Montevideo como en el interior y que tiene que ver con las altas tasas de natalidad que se registran en los sectores más carenciados. Plantearlo, obliga a buscarle soluciones más allá de la caridad y de medidas ocasionales, a través de una adecuada y amplia política de educación, en la que deben comprometerse de manera global, distintos organismos públicos y privados.
EN las primeras décadas del siglo pasado los más altos índices de natalidad se manifestaban, sobre todo, en las familias de mejor condición económica, mientras que, en las más necesitadas, era por lo general bajo el número de nacimientos. Esa realidad comenzó a revertirse después de la segunda mitad, dándose de manera progresiva un fenómeno inverso, lo que pareciera estar adquiriendo mayor dimensión en los últimos tiempos, coincidiendo con momentos en que el país también padece dificultades económicas. Pensando en una proyección geométrica y trasladando su alcance hacia el futuro, sus derivaciones pueden ser todavía más graves, por lo que se justifica analizar detenidamente el problema y, al mismo tiempo que se están estudiando salidas ineludibles para las cuestiones inmediatas y urgentes, tendientes a mejorar sus actuales condiciones de vida, se las procure también para el largo plazo.
EN esa tarea son varias las áreas a las que corresponde una responsabilidad compartida.
Partiendo del principio de acuerdo al cual la educación, en su sentido más amplio, ocupa un rol fundamental en el mundo moderno y sin perjuicio de otras propuestas, habría que reforzar desde el Ministerio de Salud Pública lo que se viene haciendo y desplegar —especialmente en los barrios alejados del Centro, de manera directa y en otra especie de descentralización— la trasmisión de conceptos, enseñanzas e incluso prácticas médicas, profilácticas y quirúrgicas preventivas, aplicables tanto a la mujer como al hombre.
EN los primeros días de junio se difundió que ese Ministerio, junto con la División Salud de la Intendencia de Montevideo estaban planificando extender la utilización de las llamadas "píldoras para el día siguiente", que se otorgan gratuitamente en Policlínicas y hospitales públicos. Al margen de la discusión que aún se mantiene sobre sus efectos o de los rechazos que provoca, y habiendo trascendido al mismo tiempo que el Ministerio contaba con recursos para su distribución sólo durante un período de dos meses, no debe olvidarse que esa alternativa requiere también una educación previa y que puede ser acompañada por otros mecanismos complementarios o sustitutivos.
No es ajena a este propósito la labor que, por su parte, le corresponde cumplir al Codicen, a través de los distintos Consejos de Enseñanza, asumiendo frontalmente ante los adolescentes una problemática que no pueden ignorar o revalorizando el concepto de "familia", tan debilitado últimamente pero que sigue siendo una herramienta valiosa e insustituible, aún en este conflictivo nuevo siglo.
HAY que reconocer que ese camino puede estarse abriendo a través de la reciente iniciativa tendiente a poner en práctica un "Programa de Educación en Valores" que se instrumentaría, primero, en cuarenta centros pilotos liceales, pero que se aspira ampliar con carácter general, y cuyos resultados deben aguardarse con expectativa por las posibilidades que encierra.
Estos apuntes, que sólo pretenden focalizar la cuestión para que los especialistas lo profundicen, tienden a reivindicar el principio de acuerdo al cual educar no es sólo enseñar a leer y escribir —lo que, por otra parte, se viene cumpliendo bastante mal con las últimas generaciones—, sino, además, enseñar a vivir mejor.
Considerar el tema, es una forma de empezar a lograrlo.