Educación, política y demagogia

Esta parece haber sido una semana de avances importantes en relación al debate para una reforma del funcionamiento de la educación pública. El presidente Mujica confirmó cambios en la cúpula dirigente de Secundaria, ratificó los puntos clave del acuerdo con la oposición, y parece haber alineado tanto a los sindicatos como a su fuerza política.

Pero no todo lo que brilla es oro. Los sucesos de estos días han revelado aspectos preocupantes en la manera de pensar de dirigentes políticos y gremiales. Aspectos que ponen en cuestión no sólo el éxito de este extremadamente tibio proceso de cambio, sino el esquema de prioridades y hasta la buena fe de muchos de los actores del proceso.

El primer hecho que merece comentario es la polémica interna desatada en el Partido Nacional. El senador Larrañaga ha recibido críticas de parte de dirigentes blancos por su acercamiento al gobierno, y este a su vez ha contestado con dureza a sus interpelantes.

Hay cosas que no se entienden. El senador Larrañaga ha hecho una apuesta valiente y arriesgada al sentarse a negociar con el gobierno. Esa apuesta, de fructificar, le proporcionará un indudable rédito político, pero si fracasa, será un lastre importante de cara a la pugna interna por la candidatura blanca. ¿Cuál es la utilidad de que a esta altura desde dentro del propio partido se salga a tirar piedras contra su postura? Y del otro lado ¿cuál es la necesidad del senador Larrañaga de sentirse permanentemente victimizado porque haya gente que no comparta su forma de operar? Los hechos (y los votos) se encargarán de decir, a su tiempo, quien tuvo la razón.

Pero es desde filas oficialistas y su entorno gremial desde donde surgen las señales más alarmantes que inquietan sobre la vocación democrática y la buena fe de sus dirigentes. En ocasión de la reunión con el presidente, los delegados sindicales desataron una andanada de ataques y agravios contra la oposición, a la que acusan de tomar la educación como "botín electoral", a la vez que negaron enfáticamente ser el obstáculo para la implementación de cambios en la educación. Es claro que muchos de estos capitostes gremiales no entienden cómo funciona la democracia. En este sistema los políticos tienen que enfocarse en los temas que preocupan a la gente, porque si no ésta los castigará en la próxima elección retirándoles su apoyo. Y la educación es hoy uno de los temas que más preocupa a la ciudadanía, no porque algún político inescrupuloso les haya "llenado la cabeza", sino porque los estudios y la realidad que ven en sus hogares les da la pauta del estado penoso en el que la misma se encuentra.

Y a la hora de hablar de "botín electoral" sería bueno saber qué opinan entonces de las palabras de Mujica, quien sostuvo que "hay que hacer cosas concretas en la educación para que el Frente Amplio llegue al 2014 en buenas condiciones". Pero además, resulta un agravio a la inteligencia de los uruguayos que los gremios digan que no se han opuesto a los cambios, cuando han combatido de forma cerril ensayos mínimos como el plan Pro Mejora, incluso amenazando a quienes osan participar de los mismos.

Y en filas del Frente Amplio la cosa no luce mucho mejor. Esta semana la senadora Alicia Pintos condenó la participación de la oposición en el gobierno de la educación, denunció como "antifrentistas" a quienes pretenden cambios, y culpó de los problemas en el sistema a las instituciones privadas que "proliferan en todo el país". Sería bueno preguntarle a la senadora comunista por qué si todo funciona tan bien en su idílico mundo solidario y participativo, donde mandan las corporaciones y "los políticos" molestan, los sufridos uruguayos, flagelados por una de las tasas impositivas más altas del mundo, sacan de sus menguados bolsillos para pagar educación privada. ¿Son estúpidos acaso?

Pero no se reducen al Partido Comunista las críticas al proceso de negociación iniciado por Mujica. El propio presidente del FA, Jorge Brovetto ha manifestado su escepticismo ante el diálogo con la oposición y los posibles cambios a la Ley de Educación. Y es sabido que Brovetto difícilmente opina de nada sin escuchar la opinión de su líder máximo, el expresidente Vázquez. ¿Será que la educación también se volverá campo de batalla de la guerrita sorda que desde hace ya un tiempo vienen desarrollando "vazquistas" y MPP en los distintos ámbitos de la administración pública?

Resulta un agravio a la inteligencia de los uruguayos que los gremios digan que no se han opuesto a los cambios en la educación.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar