Echegoyen, Seregni y Trías

La semana pasada se cumplió un aniversario más de la muerte del gran estadista que fue Martín Recaredo Echegoyen (1891- 1974). Figura importante del Partido Nacional a lo largo del siglo XX, su actuación pública ha sido casi que sistemáticamente olvidada por la historia que narra la izquierda. Incluso, su recuerdo está intentando ser borrado de edificios públicos, como es el caso de la escuela n°83 de Montevideo que lleva hoy su nombre.

Echegoyen tuvo una destacadísima carrera en la función pública. Maestro y jurista brillante, ejemplo de la mejor ascensión social que llevó a tantos hijos de inmigrantes vascos originarios del barrio del Cerro, como él, a forjarse una vida de prestigio gracias a la educación pública, fue secretario de la novel Corte Electoral en 1924, senador en 1934, ministro de instrucción pública y previsión social y luego de obras públicas entre 1935 y 1938, y ocupó lugares relevantes dentro del Partido Nacional acompañando a la figura de Luis Alberto de Herrera y brillando con luz propia en el Parlamento.

Su momento político más importante ocurrió cuando ocupó la presidencia del Ejecutivo colegiado de mayoría blanca el 1° de marzo de 1959. Era una ocasión doblemente relevante. Por un lado, los blancos habían vencido con distancia a los colorados en las elecciones de noviembre de 1958: era la primera vez que ocurría en todo el siglo XX. Por otro lado, semejante triunfo traía consigo una alternancia en el poder que no se verificaba desde el triunfo de la revolución de Venancio Flores en 1865.

Echegoyen, con su habitual sobriedad y enorme cultura, estuvo a la altura de las circunstancias. Su pieza oratoria de aquel día sigue siendo referencia conceptual para todos los blancos, como por ejemplo cuando dijo: “es imposible restituir al Estado a sus escuetas funciones de antaño. No podríamos disponer ahora, como los legisladores vascos de 1526: “Las leyes contra la libertad se tengan por no otorgadas”, pero es forzoso procurar que la autoridad sólo posea la jurisdicción indispensable y no más”. Aquí está, obviamente, uno de los naturales antecedentes del actual principio de libertad responsable, que tanto caracterizó al gobierno de Coalición Republicana de 2020 a 2025 y que definió con brillo el ex-presidente Lacalle Pou.

A cualquiera que conozca la esencia de la izquierda le resultará por lo tanto natural que ella esté ocupada hace lustros en perseguir y calumniar la memoria de semejante figura blanca y republicana. Para tal cosa, señala que Echegoyen, al final de su vida, aceptó presidir el Consejo de Estado instaurado tras el golpe de Estado del 27 de junio de 1973. Seguramente en el cálculo político del viejo dirigente blanco esa participación buscaba integrarse a la nueva realidad institucional de manera de apresurar un rápido retorno a la legitimidad democrática: hombre de vasta experiencia y conocimiento histórico, no se le escapaba que así había ocurrido ya en nuestra historia nacional tras los golpes de 1898, 1933 y 1942.

La izquierda, generadora de rencores con tal de conservar su autopercepción de superioridad moral, omite las décadas durante las cuales Echegoyen sirvió con honestidad y responsabilidad a la patria y limita la descripción de su actuación pública a esos pocos meses en el Consejo de Estado de 1973. Ahora, con afán refundacional, ha promovido cambiar el nombre de Echegoyen de la escuela n°83 por el de Paulina Luisi, primera uruguaya en graduarse con un título universitario.

¿Qué hubiera pasado si en la anterior administración se hubiera decidido cambiar el nombre de la ruta General Líber Seregni por causa de que Seregni adhirió con fervor al golpe de Estado de febrero de 1973? ¿Qué hubiera dicho la izquierda si se hubiera decidido quitar el nombre del liceo n°4 de Las Piedras, Vivián Trías, por motivo de haberse conocido en estos años que entre las tareas de Trías estuvo la de ser un vulgar espía de potencias extranjeras y traidor a la patria y que, entre otras cosas, adhirió al golpe de Estado argentino de 1976?

Echegoyen es una referencia republicana del siglo XX. Seregni lo es de su Frente Amplio, a pesar de sus errores y horrores. Trías lo es del Partido Socialista, a pesar de las vergüenzas que se conocieron sobre su vida política. Los partidos tradicionales deben terminar de entender que la izquierda no hace concesión alguna en materia simbólica: golpea a quienes considera sus enemigos, siempre. Los blancos deben por lo tanto hacer respetar la memoria de una de sus grandes figuras históricas.

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