Dos miradas, dos mundos

El discurso del ex presidente Luis Lacalle Pou en ocasión de los festejos por los 190 años del Partido Nacional, ha monopolizado la conversación política en Uruguay esta semana. Se ha hecho todo tipo de análisis y de especulación sobre cada palabra y cada gesto que hizo el ex mandatario, en lo que fue una especie de regreso temporal a la política.

No es para menos. Si algo quedó en claro tras su discurso, para propios y extraños, es que Lacalle Pou es hoy el principal líder político del país. El que ve las cosas con más claridad, el que tiene mayor amplitud conceptual, así como carisma y liderazgo. Punto.

Pero más allá de eso, esta salida pública del ex presidente en medio de su voluntario aislamiento de la política partidaria, permitió comprobar una cosa. Y es la diferencia radical de enfoque que aporta su discurso, con lo que vemos del propio gobierno nacional actual. Y para eso alcanza con contrastarlo con lo que ha hecho y dicho en los últimos días el presidente del partido gobernante, Fernando Pereira.

En las últimas semanas, Pereira ha protagonizado un intenso raid mediático. Y allí ha vuelto a demostrar una mirada totalmente sectaria y hasta excluyente de la política.

Por ejemplo, en la entrevista central que trae este diario cada domingo, Fernando Pereira arrancó diciendo que “un partido tiene una obligación primera que es hablarle a los que te votaron por su programa”. Toda una declaración de principios, y que revela una concepción de la política que es tan consistente con la trayectoria política y sindical de Pereira, como reñida con los valores más elevados de la vida pública. Que establecen que los partidos políticos solo tienen sentido, si funcionan como una maquinaria que busca el bienestar de toda la sociedad, no dejar contenta a una pequeña tribu.

El segundo punto destacable de la entrevista con el presidente del Frente Amplio es la apelación al victimismo y a las excusas para justificar el mal momento de su gobierno, basadas en factores exógenos fuera de su control.

“Estamos viviendo el hostigamiento de Trump. Con las Naciones Unidas detonadas, con los organismos multilaterales en crisis, con Estados Unidos secuestrando a un presidente, interviniendo en la elección de Colombia, de Argentina, de Brasil”, dijo Pereira. O sea, la culpa de nuestro desastre es el villano Trump, Maduro era un presidente legítimo, y las intervenciones son malas cuando no las hacen mis amigos Lula, Diaz Canel u Open Society.

Y, claro, la culpa de que no se valore al gobierno, es de la comunicación. “Sin duda, este es un gobierno de izquierda”. “Luego, si eso lo estamos transmitiendo adecuadamente a nuestros votantes, claramente no”.

El contraste con el discurso de Lacalle Pou no puede ser más contundente. “No hay que curar heridas, hay que no lastimar. ¿Alguien cree que uno puede unir en el gobierno si llegó dividiendo en una campaña electoral o en su vida política?”. ““Me he vuelto cada vez menos ortodoxo. Que no quiere decir que mis valores y principios los ande cambiando según conveniencia, pero en la práctica soy cada vez menos ortodoxo”. “No se puede gobernar un país si no se conoce. Y conocer es haber tenido la oportunidad de mirarse a los ojos, de conversar un rato, de entender los sueños, las alegrías, las esperanzas y cargarlas arriba del hombro”.

Estas tres frases permiten confirmar lo distinto de la visión fundamental de lo que es la lucha política entre estos dos dirigentes. Sino también lo diferente de la estrategia a la que están apelando.

Mientras que Pereira apuesta a dividir, a mostrarse siempre enojado, y exigir que el gobierno se recueste en su base, y ponga de lado a la mayoría del país que no lo acompaña, Lacalle Pou apela a la concordia, a entender al otro, a mostrarse cercano incluso con quien no comparte sus ideas y valores básicos. Y eso que su discurso fue en un evento netamente partidario.

Otra diferencia central está en las justificaciones. Vaya si habrá tenido el gobierno de Lacalle Pou agentes exógenos que afectaron su gestión. Desde la pandemia a la peor sequía en medio siglo, pasando por la guerra de Ucrania o la implosión de Argentina. Nunca lo usó de excusa, ni se escudó en la comunicación.

Pero, tal vez lo más importante. Y es que en un momento es que su partido tiene el gobierno, y todo para ejecutar, Pereira exige refugiarse detrás del muro de yerba del comité, Lacalle Pou, desde el llano más completo, levanta la mira, habla con perspectiva nacional, y llama a la concordia y al diálogo.

La diferencia es apabullante.

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