Disonancias chirriantes

Hace unos días comparábamos al gobierno con una orquesta desafinada. Últimamente se parece más a una de esas obras de música contemporánea que con disonancias y sonidos inconexos, procuran voluntariamente irritar al oyente.

Un día anuncian la libertad anticipada de dos mil presos. Al día siguiente se desdicen. Un día apuntan a dar tranquilidad a los inversores con que no modificarán las reglas de juego. Al día siguiente aparecen con un documento que pretende reformar toda la estructura tributaria del país. Es de locos.

Mientras la pléyade de asesores de comunicación que rodea al presidente se preocupa porque no le saquen fotos, suponiendo que la desaprobación del gobierno obedece a esas instantáneas informales, en los hechos, los jerarcas del mismo gobierno viven contradiciéndose, un día sí y otro también.

El diputado nacionalista Pedro Jisdonian lo ha expresado con gran puntería: “Se está obligando a las empresas a preavisar antes de los despidos. El problema es que dentro del gobierno hay dos posiciones totalmente distintas: por un lado (el ministro de Trabajo) Castillo que quiere justamente esto, y por el otro el ministro de Economía que ya ha dicho públicamente que está en contra. Uno habla de la ideología, otro habla de la realidad. Pero lo más grave es que no lo han conversado entre ellos. Muchachos: tómense un café, y no discutan en la prensa. Demos esas señales que los mercados necesitan. Demos esas certezas y cuidemos el trabajo de los uruguayos”.

Ya no se les puede pedir que dediquen unos segundos antes del concierto a afinar la orquesta, ni que abandonen la preferencia por melodías disonantes. Ahora debemos solicitarles algo más simple: tomen un cafecito, hablen entre ustedes y pónganse de acuerdo.

El anuncio de ayer es especialmente preocupante y por eso mereció el titular de portada en nuestro diario. Se trata de un documento interno del Frente Amplio -que aparentemente no fue enviado aún al Ministerio de Economía pero ya está en los medios- promovido por la “Unidad Temática de Economía de la Comisión Nacional de Programa del Frente Amplio” (sic), que integran “unas 20 personas con diversas miradas, entre los que estuvieron autoridades gubernamentales, académicos y especialistas”.

Allí se detalla un vasto espectro de revisiones a la política impositiva “con el objetivo de avanzar hacia una sociedad igualitaria, fraterna y solidaria”. Por un lado, alivian nuestros castigados bolsillos diciendo que “a priori no debería contemplarse la creación de nuevos impuestos”. Menos mal. Pero después se meten sin piedad con los ya existentes. No se salva ninguno: ni el IRAE, ni el IMESI (con especial mención a los autos eléctricos, las nuevas vacas lecheras del progresismo), ni el IRPF (lo quieren redefinir “con bases en consideraciones distributivas y de género”, ¡varones temblad!), ni la prima donna de la voracidad fiscal izquierdista: el impuesto al patrimonio.

Pero eso no es todo: reaparece el famoso “IVA personalizado”, con una inquietante advertencia de definir “la categoría de beneficiarios”.

Los partidos funcionan con democracia interna -salvo el FA, con la peculiar conformación de su Mesa Política-, por lo que es comprensible que se formulen documentos para generar debates. Lo que es total y absolutamente incomprensible e inconveniente es que esos documentos se volanteen a los medios de comunicación, sobre todo cuando proponen medidas que, de adoptarse, pueden tener graves consecuencias en la economía del país, el clima de negocios y el bolsillo de la gente.

Esta tensión ya insoportable entre emepepistas y comunistas llega al extremo de que se la exhibe de manera impúdica, acaso para presionar al equipo económico, acaso para apostar a un perfilismo radical que modifique la interna de la izquierda en 2029.

En una u otra hipótesis, ya ni siquiera se puede decir que juegan con fuego: directamente están acercando el fósforo al bidón de nafta.

Y resulta insólito que quien tiene la responsabilidad de alinear a la tropa, no sea capaz de dominar estos impulsos anárquicos y dar una imagen de mínima coherencia institucional.

Todo esto se da en el marco de un gobierno que prometió explícitamente en campaña electoral que no aumentaría impuestos, cosa que, por otra parte, ya hizo de sobra antes de estos nuevos nubarrones.

Qué vigente está aquello que predijo Álvaro Delgado en el recordado debate televisivo: “Te la van a dar”.

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