Diálogo "social" y soberbia

El gobierno ha convocado a una peculiar instancia para debatir el tema de la seguridad social. Ha denominado esta instancia como “diálogo social”, parte de esa obsesión de creer que agregar ese calificativo a cualquier cosa, la vuelve más amable, bien intencionada... empática, para usar un latiguillo de moda entre el bienpensantismo nacional. ¿Hay algún diálogo que no sea “social”?

El hecho es que la oposición política, que representa por lo menos a medio país, ha declinado participar en ese tinglado. Lo cual ha encendido la furia del oficialismo, que por boca del secretario de Presidencia, Alejandro Sánchez, ha acusado de “soberbios” a quienes se niegan a integrarse a este show.

Vayamos por parte. Primero que nada, ha hecho muy bien la oposición en negarse a participar en esta instancia, que viene mal parida desde su inicio.

Resulta que hace apenas unos meses, tuvimos un plebiscito, donde se llamó a la sociedad uruguaya a definir sobre la reforma de la seguridad social impulsada por el anterior gobierno. Y que ya había sido votada democráticamente en el Parlamento. El pueblo uruguayo rechazó esa reforma, pese a que tenía todos los ingredientes demagógicos imaginables, prometiendo más plata, por menos trabajo. Una muestra de madurez cívica de la sociedad uruguaya, reconocida en todo el mundo.

Como suele pasar con la ultraizquierda, que fue la que impulso el plebiscito, tras perder no reconoció el resultado. Y salió a decir que bueno, como mucha gente había votado a favor de la propuesta, el nuevo gobierno asumía con la responsabilidad de plantear cambios. Una mentira grande como una casa, porque las reglas son bien claras. Pero el nuevo gobierno se metió en este baile innecesario, y reabrió el tema convocando a esta instancia.

El problema es que este tipo de asambleas, siempre tienen el mismo defecto. Se permite doble y triple representatividad a ciertos sectores, lo cual multiplica exponencialmente el peso de algunas visiones por sobre las otras. En especial de las voces de ultraizquierda, que son las que quieren tirar abajo la reforma. Porque ya conocemos el mecanismo, van a ir a hablar los representantes “sociales” de tal cosa, la “multisectorial” de tal otra, el colectivo de los poetas del oeste, las cinco organizaciones de dirigentes charrúas, y las 25 radios comunitarias del Cerro Norte. Que en el fondo, representan a la misma gente, pero desarrollan estos mecanismos para triplicar su influencia.

¿Qué tiene que hacer un partido político, cuyos representantes han sigo elegidos en las urnas, con voto secreto y las garantías de la Corte Electoral, sentado en igualdad de posición con estos personajes? Encima cuando la distribución de representación que anunció el gobierno, los pone en clara posición de inferioridad. Prestarse a ir a ese tinglado, es simplemente validar con la presencia, una instancia que no está prevista en la Constitución, y que sólo puede salir mal.

Ahora hablemos de la “soberbia” que menciona el señor Sánchez.

En el gobierno, sus principales figuras tienen muy claro que la reforma que impulsaban los sectores de ultraizquierda era funesta para el país. Por eso no la acompañaron, aunque les costó mucho reconocerlo públicamente.

Convocan a esta instancia, creyendo que la van a manejar de taquito, y que de allí no va a salir nada que realmente perjudique a las cuentas públicas. Por eso ampliaron el tiempo de debate, y los temas a abordar.

Como suele suceder con la izquierda más racional, sobreestiman su capacidad de manejo política, y minimizan la capacidad de los sectores más duros ideológicamente, de imponerse. Hay una constante en la historia mundial. Cada vez que ha ocurrido esto, los sectores de ultraizquierda salen ganando. Y si no logran el 100% de lo que buscan, siempre se llevan alguna prenda del apero en la jugada.

Soberbia, señor Sánchez, es creer que esta vez las cosas van a ser diferentes.

La realidad es que la constitución uruguaya, ese librito tan importante, y que muchos han leído tan poco, prevé una instancia única de diálogo social legítimo. Y es el Parlamento Nacional, donde las fuerzas políticas tienen una representatividad democrática con todas las garantías. Es allí que se deben definir los temas importantes del país. Todo otro invento, lo único que busca es distraer la atención, o lo que es peor, vulnerar los equilibrios políticos que salen de una elección democrática, como la que tuvimos hace apenas unos meses. ¿Cuál de estas opciones tenemos sobre la mesa hoy? ¿Cuál es peor para el país?

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