EDITORIAL

La despedida de Vázquez

El jueves por la tarde, poco antes del inicio de la veda, el Presidente de la República intervino directamente en la campaña electoral para arremeter contra el proyecto de reforma constitucional (Vivir sin miedo) presentado por el senador Larrañaga y formular críticas a la Ley de Urgencia que manejó el candidato nacionalista Luis Lacalle Pou a lo largo de los últimos meses.

Su irrupción, intempestiva, no puede ser pasada por alto: violó directamente el artículo 77 numeral 5º de la Constitución de la República que dice: "El Presidente de la República y los miembros de la Corte Electoral no podrán formar parte de comisiones o clubes políticos, ni actuar en los organismos directivos de los partidos, ni intervenir en ninguna forma en la propaganda política de carácter electoral". Cuando asumió la presidencia, se comprometió por su honor “a desempeñar lealmente el cargo que se me ha confiado y a guardar y defender la Constitución de la República" y en reiteradas ocasiones ha declarado que su gestión presidencial se manejaría bajo la máxima “dentro de la Constitución y la ley todo, y fuera de ellas nada”.

No es que Vázquez haya permanecido todos estos meses al margen de la campaña, los discursos políticos, las propuestas y las críticas al gobierno, pero por lo menos había tenido el decoro -aunque bastante cascoteado- de abstenerse de intervenir directamente en la puja entre los partidos y sus candidatos. Aunque sí de soslayo.

El Poder Ejecutivo -cuya cabeza es el Presidente- abusó de las sesgadas campañas de “bien público” que inundaron los espacios de radios y televisión; en tanto la Presidencia de la República “prestó” su página institucional para que algunos ministros (primero Astori y luego Murro) cargaran contra la oposición.

Fue necesaria la intervención del Poder Judicial para que, ante un recurso de amparo del Partido Independiente, pusiera freno y las cosas en su lugar. En un fallo histórico del juez Carlos Aguirre se ordenó levantar las declaraciones del ministro Murro de la página de Presidencia (que, obviamente, representa al Presidente), porque “admitir por vía oblicua publicaciones en las que se controvierten los dichos de los actores políticos con vías al acto eleccionario, conlleva e implica cercenar la libertad de dichos partidos y sentar posición de la Presidencia sobre los objetos en discusión”.

Vázquez ya tenía antecedentes de mal uso de la página de Presidencia. En plena movilización del campo se olvidó de su cargo y ante los micrófonos y cámaras de los periodistas tuvo un cruce callejero con un colono enojado; como represalia, la Secretaría de Comunicación de la Presidencia sacó a luz datos personales de ese ciudadano, en una operación escrache desagradable y una muestra sin precedentes de abuso de poder. La reacción general fue de críticas por esta actitud. Se ve que no las escuchó y permitió que una vez más se usara la página para su “satisfacción” personal.

Es triste, muy triste, que un dirigente político con una larga trayectoria, que ha sido dos veces Presidente de la República y antes Intendente de Montevideo, incurra en malas acciones para sacar ventajas no admitidas, ni por las buenas costumbres y mucho menos por la Constitución de la República. Es triste, muy triste que ese político incumpla un compromiso donde está en juego su honor y la palabra empeñada. Pero bueno, ya es parte de la historia y la historia enseña.

Vayamos al hoy, día de elecciones. El gran protagonista es el voto. Vamos a usarlo para destacar virtudes allí donde estén y para rechazar todo intento de institucionalizar defectos. La democracia necesita del voto y de elecciones libres. Pero también exige el respeto a la Constitución, sus normas y sus principios, a las instituciones republicanas y a la separación de poderes, como base mínima de contralor y equilibrio. Exige que se tenga bien claro que las normas jurídicas están por encima de los avatares políticos y hay que cumplirlas o cumplirlas. Porque el panorama del mundo, y de la región en los últimos años, ha sido testigo de cómo se utiliza esa parte de la democracia que es el voto, para demolerla y aniquilarla. Allí está Venezuela como emblema definitorio.

El escenario electoral se presenta intrincado. Los pronósticos apuntan a que se terminarán las mayorías automáticas de un Partido en el Parlamento y habrá que hacer acuerdos y coaliciones para gobernar. No hay que temerles, nuestro país tiene una rica y vasta experiencia en esa materia. Compartir responsabilidades supone una apuesta decidida por el pluralismo político y permite ampliar la base social y política del gobierno.

Que el día empiece y termine como la gran fiesta cívica que es.

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