Desafíos para Estados Unidos

El mundo está cambiando a ritmo de vértigo, y cada vez más importa tomar en cuenta cuáles son los intereses de las principales potencias para tratar de deducir cuáles serán los caminos que tomará. En concreto, no podrá entenderse el rumbo de la política exterior estadounidense, si no se tiene claro cuáles son algunas de sus principales fortalezas y de sus relativas carencias.

Muchas veces desde esta parte del mundo se tiende a relativizar el peso de Estados Unidos (EE.UU.) hoy en día, por causa de la enorme competencia económica china, por ejemplo, o por causa de las periódicas crisis sociales y de integración racial que sufre nuestro vecino del norte. Sin embargo, no puede haber duda alguna de que EE.UU. sigue siendo la primera potencia mundial hoy en día, y que sus fortalezas económicas y culturales le aseguran ese lugar por un buen tiempo más.

¿Cuántas veces hemos escuchado a la izquierda latinoamericana señalar que hay pobreza y desigualdad en EE.UU.? Pues bien: incluso los pobres actuales de ese país serían considerados ricos según los estándares de nivel de vida de épocas pasadas, ya que en estos últimos treinta años la economía norteamericana ha crecido enormemente y generado riquezas para todas sus clases sociales. A esa mejora histórica conviene agregar un dato clave que no puede pasar desapercibido: hoy, el estadounidense medio es rico en comparación con el resto del mundo, ya que ocupa el percentil 92 de ingresos a nivel mundial. Entiéndase bien: no estamos hablando de los multimillonarios excepcionales, sino del estadounidense medio en comparación con el resto del mundo.

Además, a nivel del capitalismo global el peso de EE.UU. es enorme: seis de las diez empresas más rentables del mundo (incluidas las tres primeras), once de las veinte mayores compañías, y diecisiete de las veinte marcas más valiosas, son norteamericanas. A estos datos económicos se suman otros más culturales que también son fundamentales para asentar la potencia de un país. Con el 4 % de la población mundial, Estados Unidos ha sido el hogar de casi la mitad de todos los galardonados con el Premio Nobel, y siete de las diez mejores universidades del mundo son estadounidenses. Incluso en la extensión de la influencia cultural por el mundo, elemento clave del “soft power”, es decir la influencia en los valores y en las preferencias que ejerce una cultura y una civilización en el extranjero, EE.UU. se destaca: de las diez películas más taquilleras fuera de EE.UU., todas son de producción estadounidense; y diez de los veinte artistas musicales con mayores éxitos de todos los tiempos son de ese país.

En este esquema, ¿por qué se empeña EE.UU. en promover una política exterior que asegure el suministro de materias primas y en particular de lo que se conoce como tierras raras? Esto conocido como tierras raras es una categoría de metales con propiedades fisicoquímicas excepcionales. Su nombre resulta de la dificultad de su extracción: son abundantes, pero en concentraciones muy bajas. Y la clave está en que son fundamentales para las tecnologías informáticas (pantallas, chips, componentes de smartphones, fibra óptica), para la generación de electricidad utilizando fuentes de energías renovables (solar fotovoltaica, eólica), y en general para todos los dispositivos conectados en la nueva economía.

¿Cómo se puede pretender ser una economía de avanzada en inteligencia artificial, por ejemplo, si no se cuenta con tierras raras? La clave de la respuesta para EE.UU. está en que, para mantener su liderazgo económico mundial, que está siendo hace lustros desafiado por el ascenso de China y su enorme disponibilidad de tierras raras, precisa de una red de suministros en recursos particulares y escasos que sea realmente segura.

Así la cosas, hacía muchos años ya que los principales análisis internacionales señalaban que la investigación, la apropiación y la explotación de estos recursos de tierras raras podían llegar a generar tensiones geopolíticas y comerciales. Fue el avance de China, que seguramente ha sido más rápido de lo que los propios analistas norteamericanos imaginaron, el que puso a la actual administración Trump frente a la urgencia de asegurar este tipo de recursos como forma ineludible de mantener, a su vez, su ventaja de liderazgo económico.

Antes de estar de acuerdo o no con los planteos de EE.UU. con relación a Groenlandia y sus enormes recursos de tierras raras, por ejemplo, hay que entender los desafíos de EE.UU. para sustentar hoy su lugar de primera potencia mundial.

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