En muchos países (salvo la República Democrática de Corea, Cuba y algunas naciones africanas) la sociedad se divide en tres segmentos que a grandes rasgos son: los que toman riesgos, quienes priorizan la seguridad y aquellos que están marginados. Los elementos más competitivos de la población se encuentran principalmente, en la categoría que toma riesgos. Son los que producen riqueza, forman capital, organizan emprendimientos, trabajan la tierra, pescan, postergan ganancias y estudian, montan bufetes, clínicas, estudios contables, construyen edificios, entretienen a la gente, dan trabajo, pagan gran parte de los impuestos, gastan, donan, invierten, hacen negocios. Algunos son deportistas que gracias a su talento y empeño se destacan, músicos que integran conjuntos ambulantes. Obviamente, no todos son ricos. Otros son solo dueños de un taxi, de un quiosco, pequeña verdulería o peluquería de barrio. Unos triunfan otros fracasan. Buena parte de los que están en esa franja, han heredado algo de fortuna o adecuada educación, buen ejemplo, y carga genética. Pero figuran también los que surgen desde abajo y progresan. Sin embargo, no existen garantías para seguir perteneciendo a ese estrato. La vida y sus avatares, el fisco, y la expansión familiar, hacen que en una o dos generaciones se pueda pasar a uno de los otros estamentos. Conocemos casos de ricos estancieros, industriales, banqueros y comerciantes, que se han fundido y de profesionales que han fracasado.
En el segundo grupo, el mayor, están aquellos que no sienten ansias de descollar para realizar sus aspiraciones personales o familiares. Son poco competitivos. No quieren correr los riesgos inherentes a largarse por su cuenta o arriesgar su ahorro. Les interesan otras cosas o no se sienten capacitados para largarse y arriesgar lo que tienen. Lo quieren proteger. Y sobre todo, les gusta la seguridad. Ser empleados, exigen la estabilidad laboral, se agrupan para lograrla y es a este estamento más numeroso, que los políticos suelen proteger, tratando de ganar y mantener su adhesión. ¿Quiénes conforman esta categoría social? Los empleados públicos y del sector privado, los estratos medios y bajos, los obreros y maestros agremiados, los políticos, el clero, las fuerzas de seguridad.
Y ha ido creciendo el tercer estamento, el de los marginados, los pobres, sus hijos y los que habiendo pertenecido a otro sector, han caído por mala suerte o infortunadas decisiones, en la desgracia, el alcoholismo o en otras adicciones. Mayormente conforman este grupo social, aquellos a los que sus padres no les han dado algo, ni siquiera el buen ejemplo de la ética del trabajo. Muchos como los sin techo, están resignados. Las madres solteras, de varios hijos, tratan de sobrevivir trabajando como pueden, en limpiezas, a menudo la abuela cuidando los niños. La prostitución asoma como una terrible opción. ¿Qué hace entonces esta gente, en una sociedad que inclusive en Uruguay, demanda competitividad, preparación? Hay que saber usar la computadora, hablar inglés, llenar un formulario. Sólo unos pocos, llegan por año a subir el escalón. Uruguay no está fuera de esta descripción y para encarar soluciones es necesario conocer el problema, su conformación y su dinámica. La franja del medio es, en relación a las sociedades exitosas, demasiado grande en nuestro país. Chupa y vive del dinero que logra sacar del sector competitivo. Deriva recursos principalmente hacia el sector público en sueldos y poco en obra pública. Los esfuerzos para incorporar mayor cantidad de marginados no han sido eficaces. El Estado debe tratar de reducir el sector de indigentes. Proveer el trampolín para que quienes tengan voluntad y aspiraciones, puedan progresar, dejar de ser pobres, quizás ya no ellos, pero sí sus hijos. Este gobierno dice haber puesto 400 millones de dólares en luchar contra la pobreza, pero más que disminuirla, ha crecido en cambio, el consumo de la pasta base.
Clave es mejorar la calidad de la enseñanza y la acción social para capacitar a la futura fuerza laboral. Es preciso disminuir la proporción del gasto público en sueldos, mantener lo más baja posible la carga tributaria a las empresas y aumentar la flexibilidad laboral, en vez de rigidizarla como ahora, para que se invierta y crezca el empleo, abriéndose al mundo que es nuestro mercado. Esa es una meta. Así lo entendieron los chinos, después de años de miseria. Menuda agenda tendrán por delante Lacalle o Mujica. ¿Alguien puede dudar de quién es el más capacitado?