Delitos y narrativas políticas

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El ministerio del Interior divulgó este martes las cifras de delitos del primer semestre del 2022. Esto ocurre en medio de una pugna política severa en la materia, en la que la actual oposición cree haber encontrado un nuevo filón con el que atacar al gobierno.

Bueno, la oposición cree eso todas las semanas con distintas cosas, pero salvo en una encuesta “compañera” a la que solo da relevancia el informativo de TV Ciudad, la sociedad sigue mostrando un fuerte apoyo a la gestión actual.

Pero los números son claros. Y de alguna forma desmienten la narrativa del Frente Amplio en la materia, la cual sostiene que no ha habido baja de delitos, y lo que pude haber ocurrido en 2020 o 2021, habría tenido que ver con la pandemia, y no con acciones del gobierno.

Según las estadísticas oficiales, en el primer semestre del 2022 hubo 188 asesinatos, 58 mil hurtos, 12 mil rapiñas, 603 abigeatos, y 18.500 denuncias por violencia doméstica. Si dejamos de lado lo ocurrido en 2021 y 2020, para evitar los posibles “ruidos” generados por la pandemia, vemos que en el primer semestre de 2019, los datos mostraban lo siguiente: 173 asesinatos, 71 mil hurtos, 16 mil rapiñas, 888 denuncias de abigeato, y 18 mil por violencia doméstica.

Las conclusiones son bastante evidentes. En materia de delitos contra la propiedad, y en especial los violentos, la caída es estrepitosa. En rapiñas un 23%, en hurtos un 17% y en abigeato un 32%, o sea más todavía que lo que había prometido en su tiempo Tabaré Vázquez. ¿Se acuerda cuando Tabaré Vázquez prometió bajar las rapiñas un 30% y las dejó en esa cifra pero de aumento?

El problema, claramente, se mantiene en materia de homicidios, los cuales tras caer fuertemente en 2021, vuelven a subir, y están hoy un 8% arriba de lo que teníamos en 2019. La clave parece estar ahora en atacar este fenómeno, para lo cual es importante encontrar los motivos, tanto de su caída en 2021, como su tremenda subida en el último año.

Un detalle importante es que la abrumadora mayoría de estos asesinatos, 94, fueron producto de violencia entre delincuentes. Aquello que los gobiernos anteriores denominaban “ajustes de cuentas”, como forma de esquivar la responsabilidad. Hay que elogiar que esta administración no pretenda esquivar el bulto en esta materia.

Ahora bien, ¿por qué se están dando tantos asesinatos entre bandas criminales? Aquí es donde la narrativa del gobierno actual parece hacer agua por algún lado. La tesis empuñada por el ministerio es que se habría “apretado” tanto en la estrategia contra el narcotráfico, que los delincuentes se están matando para cobrar deudas imposibles o para lograr nuevos “mercados”. Sin embargo, cualquiera que camine por la calle, incluso en barrios céntricos, no percibe en lo más mínimo que haya una carencia en materia de drogas como pasta base.

Aquí hay distintas explicaciones plausibles. Desde que haya un acomodamiento entre bandas criminales, a que estemos ante un proceso de aumento radical del salvajismo con el que estas bandas solucionan sus diferencias. Ninguna de esas explicaciones debería llevar nada de calma a la sociedad. Y, por el contrario, debería presionar a las autoridades para que mediante practicas de inteligencia policial, se determine qué está pasando, y se logre desarmar estas bandas. Es claro a esta altura que la cárcel hoy no es disuasivo suficiente, ya que los cabecillas parecen seguir manejando sus negocios desde allí.

Salvo que usted sea alguien capaz de cuestionar las cifras oficiales, nadie puede dudar que algo hizo este gobierno desde que asumió, que logró lo que parecía imposible: hacer caer de manera significativa la mayoría de los delitos.

Pero volvamos al terreno político, porque es allí donde se está generando más polémica con este tema.

Las conclusiones son bastante obvias. Salvo que usted sea alguien capaz de cuestionar las cifras oficiales, nadie puede dudar que algo hizo este gobierno desde que asumió, que logró lo que parecía imposible: hacer caer de manera significativa la mayoría de los delitos. Estará en cada uno interpretar qué fue lo que hizo bien el gobierno, pero no ponerlo en duda. La segunda conclusión es que ese cambio no ha logrado tener el mismo impacto en el peor delito de todos, que por lo visto requiere algún tipo de estrategia diferente.

Lo que resulta mezquino y negativo para la sociedad en general, es la postura de la oposición. Que luego de no haber logrado bajar ni un delito en 15 años de gestión con todo a favor, se dedica a defenestrar y cuestionar todo lo que hace un sucesor que parece haber tenido mucho más éxito. Esta discusión es parte del juego político tradicional. Pero como ciudadano de a pie, el uruguayo debería tener en cuenta estos números para entender que la realidad parece estar mucho más cerca de la actual gestión, que de lo que se hizo hasta el 2020.

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