El senador Robert Silva está enojado y tiene buenas razones para estarlo. Su enojo llevó a que pidiera la presencia del ministro de Educación y Cultura, José Carlos Mahia, en la Comisión Permanente para explicar los motivos de decisiones tomadas por su cartera, por la Anep y por este gobierno que son muy negativas.
El hoy senador Silva fue, en el gobierno anterior, presidente de la Anep y desde ahí inició un proceso de transformación educativa que con propuestas modestas pero claras, buscaba salir del empantanamiento en que estaba el sistema educativo uruguayo. Tanto él como su equipo sabían que las medidas eran importantes, pero se cuidaron de ser pretenciosos: no hablaron de una revolucionaria reforma, sino de un proceso de transformaciones que irían creciendo con el tiempo.
Ver ahora, desde su banca en el Senado, como esa esforzada tarea (que para colmo la pandemia complicó y enlenteció) está siendo subestimada por el nuevo gobierno sin tener muchos argumentos para ello, explica su natural enojo y el motivo por el cual llama al ministro Mahia.
Parte de lo que está pasando en el área de la educación no se refiere a lo nuevo que se propondría sino a esta perversa compulsión de retroceder en todo lo que hizo el anterior gobierno, con el solo cometido de no dejar nada en pie. Hay un plan maldito de arrasar con todo, aunque mucho de ello haya sido bueno. Y para colmo, sin reponer con otras cosas en su lugar.
En el caso de la educación, como la transformación puesta en marcha comenzó recién después que empezó a mermar el empuje de la pandemia (dos años de gobierno), es evidente que era necesario que transcurriera un tiempo antes de evaluar sus logros. Eso es justamente lo que cuestiona Silva: que el gobierno ahora quiera cambiar las cosas propuestas durante su gestión, “sin saber si son buenas o si son malas”.
Muchas de las medidas de “marcha atrás” adoptadas por este gobierno vienen tomándose desde hace meses y es llamativo el poco fervor para defenderlas, mostrado por dirigentes de la coalición. No se trata solo de criticar a los actuales jerarcas de ANEP o del ministerio, como cualquier oposición haría, sino de defender y ensalzar lo logrado cuando quien entonces ejercían el gobierno hicieron bien las cosas. Recordar y resaltar tales logros debería ser una estrategia política en sí mismo.
Silva cuestiona varias de las medidas de “marcha atrás” que se dieron con este gobierno pues no son pocos los puntos sobre los cuales el gobierno retrocedió. Hay uno que nos preocupa de sobremanera por el profundo retroceso que significaría su reducción o su eventual eliminación. Al parecer, el menos en la UTU, fueron desarticulados varios de los Centros María Espínola, creados durante el período pasado y que significaron una extraordinaria transformación educativa en zonas desfavorecidas del país.
La idea era multiplicar estos centros de formación secundaria de tiempo completo, con profesores de dedicación, abocados a tutorear los intereses de cada estudiante. Es realmente una propuesta formidable que intenta demostrar que también el Estado puede tener a lo largo del país el tipo de proyectos que fueron alentados por grupos privados como el Jubilar, el Impulso, los Pinos y el que lanzó Richard Read.
De todo lo que se hizo en materia educativa, la creación de los Centros Espínola fue la más transformadora y la que no solo debe ser preservada a toda costa, sino que hay que seguir avanzando sobre ella. Cambió radicalmente la manera de enfocar la educación a nivel de Secundaria y en la UTU y realmente da a los estudiantes una formación sólida, casi personalizada, inteligente y útil.
Como además comenzó por las zonas desfavorecidas de la ciudad y el interior, se dirigió a dar buenos instrumentos a los que más lo necesitan. La idea surgió de una propuesta inicial de Ernesto Talvi y a ella apostaron tanto la ANEP como el ministerio de Educación y Cultura de esa época.
Que ahora quienes manejan la educación empiecen a desarticular algunos de esos centros y a desatender al resto es muy preocupante.
Hay quienes dicen que aquel proyecto fue la gran apuesta del gobierno anterior, pero no se hizo para su mayor gloria sino para atender una necesidad social y educativa que reclamaba respuestas urgentes. Fue para bien de estos jóvenes y lo único que la actual administración educativa puede hacer es apostar a su crecimiento y su desarrollo. El país y un núcleo importante de estudiantes se lo agradecerán.