Corriendo al inversor

CONFIGURA un hecho indiscutible que Uruguay carece del suficiente ahorro interno para estimular su economía, por lo cual depende de la inversión externa casi de la misma manera que los uruguayos necesitan del aire para vivir. Una sola persona dentro del Gobierno y muchas fuera de él se han dado cuenta de esa circunstancia. Pese a ello, una serie de causas mayores y otras, no menos importantes, que podrían individualizarse como causas menores, están corriendo día a día a los posibles interesados en colocar algún dólar en nuestro país.

Las causas mayores se pusieron de manifiesto aún antes de que el Frente Amplio se hiciera cargo de la administración, al promover, impulsar y lograr que se aprobara la famosa reforma constitucional sobre el agua —cuyos efectos todavía no han podido solucionar—, que terminó echando al mar unos inversores españoles, y acaban de cerrarse, —por ahora—, con la inarreglable decisión del Presidente de la República, accediendo a un pedido del Presidente argentino, de solicitar a los propietarios de las plantas de celulosa que paralicen las obras por noventa días, cediendo, por segunda vez, a un requerimiento del vecino país.

NO es ocioso recordar que los gobernantes argentinos parecen cultivar un fetichismo por los plazos de noventa días. Y los uruguayos por concedérselos. Debe tenerse en cuenta, en ese sentido, que cuando el Gobierno Kirchner presentó el año pasado una nota ante la Corporación del Banco Mundial, oponiéndose a una solicitud de préstamo para la construcción de las plantas, nuestro inefable Canciller fue a Buenos Aires, por lana, a protestarle a su colega Bielsa, pidiéndole que retiraran la nota, y volvió trasquilado, luego de haberle otorgado noventa días para solucionar el problema, en un plazo que al único que le sirvió fue al propio Bielsa, permitiéndole llegar más o menos ileso a las elecciones de octubre, donde obtuvo un cargo parlamentario. Al Uruguay, por el contrario, esos noventa días no le sirvieron para nada, ya que, no sólo no retiraron la nota, sino que ninguna de las actitudes del Banco ni de su Ombudsman conformaron a los reclamantes. Y el préstamo sigue trancado.

Continuando con la enunciación de las causas mayores que están corriendo a los inversores, debe mencionarse el reconocimiento oficial de la dictadura sindical, a través de la ley de fueros; la violación de los derechos individuales a través de una práctica permisiva en la ocupación de fábricas y plantas industriales; el anuncio de un mal llamado "impuesto a la renta", que, por su solo nombre siempre pone en guardia a los capitales, e, incluso, la política inicial de los Consejos de Salarios por sector, que ahora sería modificada teniendo en cuenta las empresas, sin saberse nunca cuál puede ser realmente la actitud del Gobierno, ni ante ese ni ante ningún otro tema. Para un inversor lo más importante es la seguridad de su colocación; el respeto de las reglas de juego y el saber que la realidad que tuvo en cuenta al momento de adoptar la decisión de radicarse, se va a mantener en el futuro. Y para el Uruguay lo más importante es beneficiarse del respeto de esas reglas. Lamentablemente, en nuestro país no hay seguridad, ni respeto de reglas ni reconocimiento de una realidad que estimule a venir con capitales a estas tierras del Sur. Lo que es mucho más criticable si se tiene en cuenta que el mundo está lleno de países con las manos extendidas que aseguran lo que nosotros estamos negando.

NO menos importantes son las causas menores que conspiran contra los posibles inversores. En nuestra publicación "El Empresario" de junio del año pasado se recordaba que, de acuerdo a una investigación del Banco Mundial, en Uruguay se necesitaban por lo menos 45 días y 11 trámites para abrir cualquier empresa; que iniciar un negocio insume dieciocho jornadas más que en Chile y trece más que en Argentina y que nuestro país figura en el puesto número trece de un ranking de plazos para habilitar un establecimiento y en el puesto 103, entre 145 países, teniendo en cuenta las facilidades para hacer negocios. La falta de créditos, los altos impuestos y los trámites complejos conducen así a que los proyectos no se concreten o que, muchas veces, en caso de concretarse, no superen un año de vida. Se inscriben dentro de la misma categoría las denuncias formuladas a principios de este año por Ignacio de Posadas cuando dijo que el Banco Central "se ha convertido en el trancador número uno de Uruguay"; las de Daniel Ferrere agregando que "La unidad de la burocracia en el Uruguay es hoy de cuatro meses por paso" y la advertencia de un colega sobre la lentitud del Estado en habilitaciones especiales para las empresas extranjeras eventualmente interesadas en invertir en nuestro país. Ese panorama hace recordar otro similar que pintara Hernando de Soto sobre la realidad peruana, defendiendo lo que llamara una "revolución del comercio informal", a la vez que permite compararlo con lo que demora un trámite en Estados Unidos, como lo hace Carlos Montaner en su siempre recomendable libro "La libertad y sus enemigos".

El miércoles 26 de octubre del año pasado, al volver de una larga gira europea realizada por el presidente Vázquez con un grupo de Ministros e industriales, al bajar del avión, el ministro Astori dijo en declaraciones a la prensa: "En estas semanas van a estar llegando delegaciones empresariales de firmas francesas para diseñar proyectos específicos y hay interés también en Italia y Alemania de viajar para concretar negocios". Han pasado diecinueve semanas desde entonces y hasta ahora, sólo se ha tenido conocimiento de unos chinitos que vinieron, vieron y se fueron sin confirmar ningún negocio. De franceses, alemanes e italianos no se ha sabido nada, lo cual es lamentable para el país, los uruguayos y el futuro de ambos. Y es difícil que se sepa algo después de esta actitud del Gobierno, pidiéndole a una firma finlandesa, responsable de la inversión más importante de su país en el extranjero, que suspenda unas obras por noventa días, por culpas que, además, no son de la empresa sino del propio Gobierno, que fue incapaz de solucionar en su momento un grave problema internacional. Y todavía sigue siéndolo.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar