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Cómo entibiar una campaña helada

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Los viejos paradigmas de la política militante están en franca decadencia.

Quienes eran jóvenes en la década del 80, salían a la calle reaccionando contra la dictadura y se expresaban de distintas maneras: con una bandera partidaria, publicando sus reclamos en diarios y semanarios, o manifestándolos artísticamente en grupos de teatro y bandas de rock. Desde el glorioso plebiscito de 1980, pasando por el inolvidable acto del Obelisco de 1983, un ansia de libertad que venía del fondo de nuestra historia nos unió en una misma reivindicación democrática y republicana.

Pero las cosas han cambiado. Las generaciones que nacieron y crecieron en democracia tienen un vínculo menos apasionado con la cosa política; incluso en muchos jóvenes impera la más rampante indiferencia.

Las reacciones populares de otros tiempos -tanto de indignación co-mo de algarabía- hoy se reemplazan por actitudes pasivas: el porcentaje de ciudadanos habilitados por la Corte Electoral que participan en las elecciones internas, no obligatorias, decrece período a período. Las encuestas adelantan tendencias pero pueden errarle feo, por aquello de que el frío invernal, o una trasmisión de fútbol, o un primer día de vacaciones, son factores que tal vez frustren la concurrencia a las urnas.

Cuando los dirigentes políticos advierten ese desinterés, suelen apelar a dos recursos posibles: uno, dirigirse a la barra militante, llevando su discurso a un extremismo ramplón que consolida a los fanáticos pero ahuyenta a los pensantes. El otro, construir relatos tremendistas que provoquen reacciones primitivas en el electorado menos politizado.

Los dos caminos están siendo transitados, diríamos que desesperadamente, por el Frente Amplio.

Comprueban que la actualidad política está lejos de ser la preocupación principal de la gente, entonces buscan la adhesión de la hinchada más fiel, o la distorsión de una realidad que hoy es mansa y apacible, para instalar falsamente que está todo mal y que deben hacerse cambios radicales. Dicho de otra manera: poner freno de mano a la transformación emprendida desde 2020 y dar marcha atrás para regresar al desgobierno y el despilfarro.

Pero la ecuación no les rinde.

Porque se empantanan en la tontería de los chats filtrados desde Fiscalía a un par de operadores que la van de periodistas, pretendiendo con ello horadar la credibilidad de un presidente que al mismo tiempo, se sabe gracias a la última encuesta de Opción, cuenta con el 50% de la adhesión ciudadana.

Porque mientras vociferan tramas absolutamente fantasiosas sobre supuesta deshonestidad y desviación de poder, la más reciente encuesta de Cifra determina que la corrupción política preocupa a un magrísimo 4% del electorado.

Porque lo único que hoy desvela a los uruguayos es la inseguridad pública, y es justo el tema donde el Frente Amplio hace más agua, no solo por sus nefastos antecedentes en la materia, sino por las risibles propuestas en tal sentido que contienen sus bases programáticas, elaboradas por los mismos incapaces que mal condujeron el ministerio del Interior hasta 2019. Carolina Cosse critica al ministro Martinelli pero no ha sido capaz de dar ni un solo nombre de sus propios asesores en esta materia.

Yamandú Orsi mostró como talismanes de la suerte a un par de funcionarios de mediocre rendimiento en las administraciones pasadas.

Hoy la oposición se sustenta en unas bases programáticas que se limitan a decir que más vale ser rico y sano que pobre y enfermo, y un puñado de medidas asombrosamente demagógicas, como la de crear 30.000 nuevos empleos públicos, o inventar un sistema de alquileres paralelo con financiamiento estatal, o invertir por adelantado unos cuantos puntos del PBI en un shock de infraestructura. Agregue el lector, a tantos dislates, la indefinición sobre el disparato plebiscito del Pit-Cnt, para el que según parece consiguieron unas cuantas firmas inválidas, como las de Batman, la Mujer Maravilla y el Chapulín Colorado.

Seguramente Cosse reza para que no alcancen las firmas -algo improbable, porque si no lo lograran, la noticia sería demasiado escandalosa- y así no tener que enfrentarse al Partido Comunista a partir del 1° de julio. Bien sabe que si apoya el plebiscito enciende la mecha de una bomba que explotaría en el próximo gobierno…

No es casual que el Frente Amplio esté saliendo en televisión con un mensaje institucional que evoca la figura de Líber Seregni. Es el único argumento que les queda de un pasado esplendor, devenido en vergonzante presente.

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