Cavando la grieta, con plata de todos

A fin de noviembre fue presentado el libro “Uruguay 2020-2025. Estado y políticas públicas durante el gobierno de Luis Lacalle Pou”, editado por la Fundación de Cultura Universitaria (FCU) y cuya coordinación fue hecha por Alexandra Lizbona y Alejandro Milanesi. Se presentan allí varios artículos de notorios politólogos vinculados a la izquierda, del Departamento de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República.

En el lejano año 2015 tuvo cierta repercusión en el mundillo académico un sencillo editorial de esta página que era crítico con el trabajo de algunos politólogos. En base a un artículo publicado por ese entonces en una revista especializada en Chile, dejaba en claro que varios de los más destacados profesionales de esta área en realidad operaban al servicio de la izquierda y que cumplían esa tarea desde diversos lugares rentados por el Estado. Diez años más tarde esa realidad se ha hecho diáfana, al punto de que hoy resulta del todo evidente: alcanza con recordar, por ejemplo, las campañas pro-candidatos izquierdistas que varios destacados politólogos realizaron en los balotajes de 2019 y de 2024.

Sin embargo, este libro seguramente merezca un lugar simbólico relevante cuando hablamos de esta situación. Porque hay politólgos que ya no solamente no disimulan su alineamiento ideológico y su tarea al servicio partidista del Frente Amplio, sino que además lo hacen sin esconder el profundo desprecio que sienten por los partidos que conforman la otra parte del país.

Quizás en este sentido una primera señal tan elocuente como importante haya sido la formidable mentira del historiador frenteamplista Caetano con relación a Fructuoso Rivera y el año 1825, que fue descubierta a tiempo por el Partido Colorado. Con todo, lo de este libro es igualmente mucho más potente. En efecto, a los autores no se les ocurrió mejor cosa para analizar al Uruguay 2020-2025, al Estado y a las políticas públicas durante el gobierno la Luis Lacalle Pou, que darle la co-coordinación de dicha obra a alguien cuyo desprecio hacia los liderazgos de los partidos que dirigieron al país en ese quinquenio ha sido tan enorme como soez en sus manifestaciones.

Cuesta mucho transcribir la ordinariez que la politóloga Lizbona escribió en la red social X el 14 de noviembre de 2019, cuando terminaba el gobierno de Vázquez y estábamos en plena campaña por el balotaje de ese año que ganó Lacalle Pou.

Pero, lamentablemente, debe ser aquí referido para que quede claro de qué estamos hablando. Escribió Lizbona: “lo más diverso que tiene la oposición es la chupada de pija de Talvi a Lacalle, de Lacalle a Manini, de Mieres a Lacalle y de Talvi a Manini. El océano que los separa era un toque de leche. Gran acabada de país”.

¿Cómo es posible que alguien en su sano juicio pueda siquiera pensar que un libro de análisis politológico sobre la administración Lacalle Pou co-coordinado por una persona que así se expresó sobre los liderazgos partidarios que formaron el gobierno de 2020, tenga cierta valía y ponderación en sus consideraciones? ¿

Cómo es posible el paso previo, es decir, que haya una comunidad académica en la que nadie reflexione un minuto, al momento de publicar un libro así, que una colega que se ha expresado públicamente de esta manera ni siquiera puede figurar en tal investigación?

Sobre todo si el objetivo pretendido, como dice la FCU, es que el libro en cuestión sea un instrumento válido para “un objetivo de divulgación, orientado a contribuir al debate público informado”.

La impresión que deja esto que no solamente no se disimula su alineamiento partidista, sino que ni siquiera se preocupan ya por cuidar las formas de manera de dar a entender a la ciudadanía de que están generando sus posiciones pro- frenteamplistas desde lugares en los que igualmente respetan al adversario político. Por el contrario, sus posicionamientos son tan evidentes como groseros. En este contexto, nadie en su sano juicio puede siquiera abrir ese libro en el que escriben una treintena de autores, cuando, además, el FCU agrega, con cierto involuntario sentido del humor, que allí se combina “repaso histórico, rigor metodológico y sustento teórico”.

Los partidos de la Coalición Republicana deben asumir la hondura de la brecha dispuesta por la cultura de izquierda del país. Creer que es posible converger en algún sentido con un sector académico capaz de algo así, no solamente es ingenuo. Es no entender nada de la raíz profundamente leninista que la conforma.

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