Estos han sido tres días de siestera tranquilidad en Montevideo, donde predomina una calma apacible. Como ocurre desde hace años, y a diferencia de lo que sucede en buena parte del mundo (e incluso en algunas ciudades del interior de nuestro país), el carnaval casi no se celebra en los días marcados por el calendario y mucha gente se va de la capital a buscar su revancha veraniega en los balnearios del este.
Vaya paradoja: la capital uruguaya se jacta de tener el carnaval más largo del mundo pero casi no lo festeja en los días que estrictamente corresponden.
No fue así siempre. El desfile inaugural se realizaba el sábado previo a los tres días de carnaval y las llamadas se hacían por las calles de Barrio Sur el viernes siguiente. Durante toda la semana había corsos en los barrios y bailes en los clubes. Montevideo estaba de fiesta y la gente la disfrutaba.
Lo que llevó a que el carnaval de Montevideo fuera el más largo del mundo fue la realización de un concurso en el Teatro de Verano, para determinar, cada noche durante un mes y medio, quiénes eran los merecedores de premios, entre los grupos de las diferentes categorías. Esos grupos (murgas, parodistas, lubolos y demás) también recorrían los barrios de la ciudad con sus números. Como eso exigía un largo proceso, y como las fechas atribuidas al carnaval cambian año a año, había veces que el concurso se extendía hasta bien entrado marzo, cuando las clases habían empezado y llegaba el tiempo fresco. Por tal razón, se optó por aprovechar las noches de calor y comenzar a mediados de enero, pero en lugar de hacer una inauguración para la temporada de espectáculos y otra diferente para el desfile y las llamadas (esas sí en los días de carnaval) se estableció un calendario único.
Así se dan las cosas: aún no se terminaron de abrir los regalos de reyes, cuando ya arranca el desfile inaugural de carnaval por la principal avenida. Y hoy, martes, que es oficialmente carnaval, casi ni recordamos cuando fue el desfile inaugural. Esto, como es obvio, genera un peculiar anticlima.
Esta manera de funcionar tiene efectos sobre Montevideo. Al no haber nada extraordinario esa semana, mucha gente se va no solo a la costa sino a lugares en otros rincones del país (Artigas y Cerro Largo), que sí tienen festivas jornadas en esos días. Fiestas que además no solo son de espectáculos donde el público pasivamente disfruta lo que ve, sino que incluyen una fuerte participación de la gente, en la calle y en los clubes. Son solo tres días, pero bien intensos. Y cada año es más la gente de otros lados que concurre para ser parte de la fiesta.
La celebración de los desfiles, llamadas y bailes (no los espectáculos, por las razones ya explicadas) tendrían que volver, con bombos y platillos, a los días marcados por el calendario y así alentar una vertiente turística hacia la capital, para ese único motivo y solo por esos días.
Es lo que se hace en las ciudades del mundo donde su carnaval es muy reconocido y se festeja a lo grande, por aquello de los breve, so bueno, es dos veces bueno. Ocurre por supuesto en Río de Janeiro, una fiesta típica de los cariocas y compartida con todos los ciudadanos del mundo que quieran ir.
Sucede en Colonia, Alemania, en Venecia y en el legendario “Mardi Gras” de Nueva Orleans, donde la fiesta se concentra el martes en su famosa calle Bourbon, conocida como la “calle del pecado”. Está el folclórico carnaval de Oruro en Bolivia y el de Humahuaca en Jujuy, en el norte argentino. Todos atraen visitantes de otros países. En todos se tira la casa por la ventana y duran estrictamente lo que establece el calendario.
Insistir en esto de recuperar una parte del carnaval para esos días, lleva a la lamentable pregunta de siempre y tiene que ver con el estado en que está Montevideo. ¿Vale la pena devolver el carnaval, o al menos lo que no va a los escenarios, a sus fechas originales para atraer visitantes de afuera cuando la ciudad no está minimamente presentable?
Sucia, fea, pintarrajeada, descuidada y hostil hoy Montevideo no parece ser un lugar atractivo para invitar a los turistas a disfrutarla. No en vano los que vienen, que son muchos, la evitan y van a otros puntos del país, esos sí más lindos: las playas del este, las termas del litoral, Colonia. Pero no Montevideo. En la medida que las autoridades municipales no se esfuerzan para hacerla un lugar amable ni siquiera para sus propios habitantes, menos lo harán para atraer turistas, carnaval o no carnaval.