Cabildo Amplio

Hace meses que estas páginas vienen señalando una realidad que buena parte del sistema político prefirió no nombrar: Cabildo Abierto se ha convertido en el bastón parlamentario del Frente Amplio. No es una interpretación malintencionada ni una exageración de tribuna, y estos días vuelve a confirmarse.

El Frente Amplio gobierna sin mayoría propia en la Cámara de Representantes. Con 48 diputados necesita dos voluntades ajenas para llegar a los 50 votos que le permiten aprobar lo que se propone. Esas dos voluntades tienen nombre: Álvaro Perrone y Silvana Pérez Bonavita. Ante cada votación relevante, ellos o sus suplentes ponen los votos.

La discusión de la Rendición de Cuentas lo ilustra de forma impecable. Sobreactuadas indignaciones de los legisladores del oficialismo y de Cabildo Abierto, como si no fueran lo mismo, a pesar de que todos sabemos que la rendición será aprobada en términos generales por esos 50 diputados. La Coalición Republicana, razonablemente, resolvió no acompañar el proyecto en general y reservarse para la discusión particular.

Perrone y todo el MPP salieron con reacciones calcadas: no es posible distinguir una declaración de Perrone de una de Betiana Díaz. “Ahora se ve que todo lo que dijeron en campaña fue mentira”, disparan sobre blancos y colorados. Sostuvieron que la oposición “le dijo que no a la asignación de dinero para los hogares más pobres”. Expresiones burdamente falsas: los 50 votos estarán, y blancos y colorados pueden apoyar específicamente la parte del articulado que quieran. La voz de Perrone no es la de un opositor negociando, sino la de un aliado justificando el voto que todos sabemos que pondrá nuevamente.

Pero nada de esto es nuevo. El año pasado, nada menos que en la discusión presupuestal, los dos diputados cabildantes pusieron sus votos para crear y aumentar impuestos, violando flagrantemente sus compromisos de campaña, tras confesas conversaciones con el secretario de Presidencia, Alejandro Sánchez. Cuando llovieron las críticas, Guido Manini Ríos no defendió una posición programática: trató de “cínicos e hipócritas” a quienes, según él, “posan de opositores”. En Cabildo todos reservan su artillería para la oposición, no para el gobierno al que le acercan los votos que le faltan.

En la misma lógica entra el reciente y penoso episodio de debilitar a la Fiscal de Corte. Desde hace más de un año Mónica Ferrero conduce el Ministerio Público como subrogante, porque no hay acuerdo para designar un nuevo fiscal de Corte por dos tercios. Esa permanencia, que la oposición decidió sostener y anunció en una conferencia de prensa en la que Perrone estuvo, es hoy el principal escudo institucional frente a la presión del oficialismo. Perrone, ni lerdo ni perezoso, presentó un proyecto para que el fiscal subrogante se designe por sorteo y rote cada seis meses. Puede discutirse el argumento jurídico, pero el efecto político es transparente: forzaría la salida de Ferrero y abriría el paso a negociar un titular más afín al gobierno. Un proyecto que perfectamente podría haber escrito Jorge Díaz.

El rol de Manini Ríos no sorprende si uno analiza sus malas opciones. Perrone deja claro cada vez que puede que las decisiones las toma la pareja de legisladores, no el líder. Son ellos los que negocian directa y personalmente con Torre Ejecutiva. Las opciones del general son dos. Puede asumir y bendecir esta sumisión absoluta que Perrone negocia ante cada votación importante: así el partido pierde la línea, pero conserva un líder y un par de legisladores. La alternativa sería confrontar a Perrone y rechazar el apoyo sistemático al gobierno de izquierda, algo alineado con la visión del votante, mayormente conservador, que votó a Cabildo Abierto. Claro que esa opción puede implicar perder los pocos legisladores que le quedan.

Nada de esto es ilegítimo. Cada legislador vota según su conciencia y Cabildo Abierto tiene todo el derecho de acordar con quien quiera. Lo que no puede pretender es hacerlo mientras se presenta ante su electorado como oposición. Los ciudadanos que en 2024 votaron a Cabildo creyendo respaldar una alternativa al Frente Amplio merecen que se les diga con claridad qué están sosteniendo hoy sus representantes. El nombre importa poco: las palabras y el papel aguantan cualquier explicación. Pero en los hechos, cada vez que se vota, vemos más claro un Cabildo Amplio.

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