A la hora del jueves en que escribimos esta columna, aún no había novedad sobre la posición que adoptará hoy viernes Cabildo Abierto respecto a la votación en comisión del proyecto de reforma de la seguridad social.
Lo que ha trascendido hasta el momento es que el partido liderado por Manini Ríos reafirma la solicitud -previamente anunciada y desmentida- de una prórroga. Al respecto, el senador declaró el miércoles en su audición de Radio Oriental que “si esta ley va a tener plena vigencia a partir del año 2033 -hay algún puntito muy menor que comienza de inmediato- ¿cuál es la urgencia de aprobarla ahora, antes del viernes, y no un mes después de que se terminen de dilucidar ciertos puntos o dentro de seis meses o en el 2025, luego de que pase el proceso electoral?”. Alegó que la reforma tendrá un impacto en la campaña del año que viene: “¿Para qué se la vamos a dar en bandeja con tanto apuro?”
Es un punto de vista preocupante al provenir de un socio de la Coalición Republicana, porque si algo ha caracterizado al oficialismo desde marzo de 2020 fue la resolución con que se abocó a cumplir las promesas de campaña, especialmente las contenidas en el Compromiso por el País que consolidó la coalición entre la elección parlamentaria y el balotaje.
Patear la pelota para el próximo gobierno es declararse incapaz de cumplir con lo prometido, e incluso lisa y llanamente boicotearlo, ante una eventual modificación de la correlación de fuerzas a nivel parlamentario.
De alguna manera, Manini Ríos está repitiendo la actitud prescindente que manifestara explícitamente el exministro Danilo Astori durante la administración anterior. Se recordará su advertencia de que la reforma previsional debía ser encarada “por el próximo gobierno”, soltando el hierro caliente por saber de antemano que el FA no podría encararlo, habida cuenta de sus incoherencias ideológicas.
Menguando su imagen de estadista, el líder de Cabildo Abierto se suma a esa parálisis: los grandes temas nacionales, las imprescindibles reformas de largo plazo, bien pueden postergarse en la medida que impliquen costos político-electorales cortoplacistas.
No es así o, al menos, no debería ser así.
Al respecto es loable la actitud de los otros partidos integrantes de la coalición, que bien conocen el oportunismo del FA en su apelación constante a reflejos conservadores con que acicatear a la opinión pública, pero eso no impide que defiendan la reforma a capa y espada, conscientes de su trascendencia para la sustentabilidad del sistema previsional.
La mejor síntesis la ha brindado el senador Jorge Gandini en entrevista publicada ayer en Búsqueda: “Acá es muy claro: se vota con la coalición o se vota con el Frente. Cabildo no gana. Gana la coalición o gana el Frente”.
No está bien integrar un gobierno y que, habiendo coparticipado en un grupo de trabajo que se tomó el tiempo necesario para formular una reforma clave, se intente mechar un perfilismo de último momento. Más aún cuando ese perfilismo, lo único que esconde es el renunciamiento explícito a un compromiso asumido; el siempre reiterado instinto uruguayo de seguir discutiendo y diagnosticando, con tal de no asumir la responsabilidad de concretar los cambios.
Otro punto de vista a considerar es el de la ya reiterada coincidencia estratégica entre Cabildo Abierto y el Frente Amplio, como pasó con la oposición a la ley forestal, entre otras asociaciones inesperadas. Hay definiciones políticas en que los cabildantes parecen identificarse con ese “desarrollismo mágico” tan bien descripto por el colorado Pedro Bordaberry como sustrato ideológico del pasado ciclo frenteamplista.
Cabildantes y frentistas se viven peleando por la interpretación del pasado reciente, por la polémica nunca superada de los dos o los mil demonios. Incluso el FA suele agitar el fantasma del “partido militar”, la “extrema derecha” y hasta el “fascismo” con quien, al final del día, termina compartiendo los votos contra las reformas que el país reclama.
Se necesitan dos para bailar el tango, dice el viejo refrán. Los cabildantes deberían comprenderlo y así dejar de trabajar para que la oposición festeje desavenencias de la interna oficialista.
Tienen todo el derecho del mundo a incidir en las decisiones del gobierno, pero deben aprender a hacerlo dentro de los ámbitos y en los plazos correctos.
No es tan difícil, cuando se priorizan las responsabilidades de gestión por sobre el internismo electorero.