Aunque siga siendo leche

Con la capacidad de comunicación clara y llana que lo caracteriza, el presidente Lacalle Pou bajó los decibeles sobre los cambios recientes al proyecto de reforma previsional, declarando anteayer al informativo de canal 12 que “teníamos un litro de leche, se le fue echando agua, pero sigue siendo leche”.

Y es así: las negociaciones de última hora se justificaron porque demandas menores no debían impedir que esto se concretara, ni tampoco alentar que la pelota se pateara para después de las elecciones, un modus operandi que ha caracterizado a las pasadas gestiones frenteamplistas. Pero el comportamiento de la Coalición Republicana en este caso deja un sabor amargo.

Aquí hubo distintos niveles de irresponsabilidad.

Sin duda el más alto fue -y sigue siendo- el de la oposición, que milita el rechazo a la reforma con un par de eslóganes simplificadores, para medrar con el miedo al cambio propio del conservadurismo que la izquierda defiende con tanto ahínco.

Pero en un escalón más abajo de irresponsabilidad debe situarse también a Cabildo Abierto, que desembarcó con exigencias de último momento, intentando marcar un perfilismo que irritó a propios y ajenos.

Por si este desafine no hubiera sido suficiente, el Partido Colorado reaccionó a su vez y propuso nuevas adendas, seguramente motivado más que nada por disputar con Cabildo en lo que sería el supuesto beneficio político de mejorar el proyecto.

Los tironeos finales entre socios ponen en entredicho ese trabajo previo y terminan dando sustento a quienes los interpretan como una concesión, una apertura de paraguas con que enfrentar las críticas maximalistas de la oposición.

El procedimiento no lució muy prolijo que digamos. Hubo un compromiso de reforma suscrito por los partidos coaligados. Se conformó después un grupo de expertos amplio y representativo, donde todos tuvieron tiempo y disposición de llegar primero a un diagnóstico y luego a un proyecto coherente, justo y sustentable.

Los tironeos finales entre socios ponen en entredicho ese trabajo previo y terminan dando sustento a quienes los interpretan como una concesión, una apertura de paraguas con que enfrentar las críticas maximalistas de la oposición. Esto es algo que los cabildantes reconocieron explícitamente, lo que los expuso al descrédito de haber modificado su posición anterior por mero cálculo electoral. Con la reacción de los colorados, el pretendido afán de calmar la ira opositora acentúa su efecto contrario: la consolida en el rechazo de un proyecto que ha dividido a sus propios impulsores en la instancia final.

Por más agua agregada a última hora, la leche por suerte seguirá siendo leche, pero eso no minimiza el toque de atención que debe hacerse al funcionamiento de la coalición oficialista. Es más que comprensible y elogiable que algunos aspiren a perfilarse electoralmente a poco más de un año de las internas partidarias, pero no deberían hacerlo por el camino de disonancias altisonantes que para mucha gente pueden resultar, en el mejor de los casos, improvisadas, y en el peor, apenas oportunistas. Como si no hubiéramos entendido que estamos ante dos modelos de país y que del lado de la Coalición Republicana debemos cerrar filas en defensa del modelo abierto, liberal, austero y solidario. No es casual el menosprecio con que el senador Guillermo Domenech (CA) se refirió al ministro de Trabajo Pablo Mieres, mofándose de la representatividad del Partido Independiente. En lealtad a la gestión y aportes constructivos, a la gente le queda claro de qué lado está cada uno.

Por otra parte, observe el lector lo que ocurrió ayer nomás, en una columna de opinión del semanario Búsqueda. Uno de los más influyentes economistas de izquierda, Gabriel Oddone, diferenció claramente su posición sobre la reforma de las críticas caricaturescas que profieren, entre otros, Daniel Olesker y Mario Bergara. En lugar de clamar por su rechazo, admite que “si bien el proyecto de reforma que aparentemente aprobará el parlamento no resuelve todos los problemas actuales y deja planteados muchos desafíos, da respuesta a varias de las debilidades identificadas. En este contexto, y asumiendo que la postergación de la votación es probable que aumente los costos de la transición, parece razonable que el parlamento le dé sanción. Dado que es ineludible y necesaria, cuanto antes se apruebe, mejor”. Uno no puede esperar que sus compañeros de partido lo entiendan, pero sería bueno que el bloque oficialista demostrara a la opinión pública que no tiene dudas al respecto. Que el peor “costo político” es el de incumplir con los compromisos preelectorales y enfrascarse sin pudor en la exhibición de rencillas superfluas.

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