Astorismo en disputa

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Las aguas en el sector moderado del frenteamplismo están revueltas. Nuestro diario dio cuenta de un conflicto de liderazgos entre Mario Bergara y Álvaro García, que el veterano ex vicepresidente intentó zanjar con un reciente mensaje al sector.

En oportunidad del vigésimo octavo aniversario de la fundación de Asamblea Uruguay, Astori divulga un video donde reclama que “no permitamos que el proyecto fracase” y deplora “la división y objetivos personales o sectoriales, referidos a supuestos liderazgos que contradicen la afirmación de identidades, o las candidaturas que no han sido discutidas”.

La advertencia pareció ratificar la declaración de la agrupación Plataforma, que lidera el exministro Álvaro García, en el sentido de que “no es tiempo de hablar de ninguna candidatura”, en respuesta a la autopostulación de Bergara.

De todas formas, representantes de uno y otro sector se sienten respaldados por Astori y afirman que su mensaje iba dirigido al respectivo adversario…

Pero un nuevo elemento vino a complicar aún más la situación interna: la visita de los diputados de Asamblea Uruguay Carlos Varela y Claudia Hugo al intendente de Canelones Yamandú Orsi. El resultado de ese encuentro fue que el miércoles pasado, Orsi explicitó su intención de rendir homenaje a Astori, reconociéndole haber sido “el estandarte de la política económica de los 15 años de gobiernos frentistas”.

El anuncio provocó más idas y vueltas en la interna astorista, al punto que se decidió postergar para la semana que viene una reunión del comando de Convocatoria Seregnista Progresistas (CSP) que integran sus distintos sectores.

De estos hechos pueden sacarse distintas conclusiones.

Por un lado, nadie duda de que tanto Bergara como García tienen las credenciales para heredar el liderazgo del fundador de Asamblea Uruguay e intentar de alguna manera reposicionar un espacio socialdemócrata que en el FA está en franca decadencia. Desde marzo de 2020 para acá, las voces opositoras que suenan más fuerte son las radicales, y una de las tantas pruebas de ello fue la inicial oposición del astorismo a esa aventura retardataria que fue la recolección de firmas contra la LUC, empujada desde el sindicalismo. Se los llevaron puestos y tuvieron que terminar apoyando una campaña en la que claramente nunca creyeron.

Esa excesiva tolerancia con los desbordes radicales quedó de manifiesto en un reciente programa de TV Ciudad, donde se entrevistaba a dos legisladores frenteamplistas de primera línea, Mario Bergara y Alejandro Sánchez, junto a una dirigente de la FEUU, Amira Fagúndez. Esta última declaró que “es necesario buscar una alternativa que mejore real y radicalmente las condiciones de vida de la gente”, porque según ella, “se logran conquistar determinados derechos, pero después vienen gobiernos de derecha, neoliberales que restauran todo lo que eran en el pasado”. El clamor de Fagúndez por lo que llamó “una perspectiva superadora” habla de un discurso radical que, otra vez y como en los años 60, descree de la democracia como sistema de gobierno.

Las grandes mayorías nacionales, desde el siglo XIX hasta el presente, no quieren saber de nada con mesianismos autoritarios de ningún signo.

En ese afán entre infantil y suicida de no publicitar debates internos, discursos como ese se dejan pasar, sin comprender que las grandes mayorías nacionales, desde el siglo XIX hasta el presente, no quieren saber de nada con mesianismos autoritarios de ningún signo.

No es raro entonces que los sectores moderados del FA busquen reposicionarse, habida cuenta de la truculencia declarativa en que incurren a veces los radicales.

Lo grave es que ahora recurran nada menos que a Yamandú Orsi, un dirigente perteneciente al MPP y apadrinado por Mujica, el mismo líder que supo contradecir a Astori generando disonancias más que célebres durante el ciclo del FA. Si ahora el favorito del rinón mujiquista se disfraza de socialdemócrata, ¿no deberá leerse esto como un nuevo intento de quebrar y dividir al ala moderada?

Si el MPP levanta como estandarte el retrato de Danilo Astori, parece obvio que lo hace porque aspira a recuperar los votos de miles de frenteamplistas que huyeron en estampida por las posiciones maximalistas de los Pereira, Andrade y compañía. ¿Pero qué harán después, si ocurriera que en 2024 recuperaran el gobierno, después de haberse apropiado de esos votos moderados? ¿Renegarán acaso de toda la parafernalia de velitas prendidas al socialismo y cuantiosos despilfarros de recursos públicos?

La verdad es que, si formáramos parte de los cuadros astoristas, estas declaraciones de amor de último momento nos pondrían muy nerviosos…

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