Apostando contra el país

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Que el Frente Amplio actual dista mucho del que se moderó para ganar en 2005 es indudable.

Aquel tenía a un líder indiscutido en Tabaré Vázquez, a Astori secundándolo asegurando la estabilidad económica y a un exintendente blanco de candidato a vicepresidente. La moderación programática de los años previos era innegable y las voces de izquierda más radical eran desterradas de los primeros planos del partido que se preparaba a tomar el poder.

Basta recordar algunos gestos, como la visita de Vázquez a Washington recorriendo todos los organismos multilaterales con Astori, incluyendo al siempre detestado Fondo Monetario Internacional. Hasta una icónica foto de Vázquez junto a Astori, entonces anunciado como Ministro de Economía, en la reja de la Casa Blanca del lado de afuera coronó el episodio. De aquel Frente Amplio al actual queda muy poco, o casi nada.

El principal partido de oposición hoy no tiene liderazgo alguno, incluso no tiene liderazgos sectoriales. No hay un líder del partido, pero tampoco lo hay de su crecida ala radical ni de su disminuida y en desaparición ala moderada. Los posibles candidatos, Orsi y Cosse no son líderes de su sector o de sector alguno, y tendrán que transar con tupas o comunistas para llegar a levantar sus postulaciones.

Esto tiene consecuencias evidentes en el funcionamiento de la coalición de izquierda. Cada dirigente, senador, diputado o cuatro de copas juega a ver quien está más corrido hacia el extremismo, quien tira el golpe más duro o el insulto más soez al gobierno, sin ton ni son. Se agolpan llamados a interpelación, comisión general o comisiones particulares dado el protagonismo que busca cada legislador, sin que existe otra estrategia que pegar y pegar.

Este Frente Amplio, dónde los sectores más radicales dominan las estructuras internas y el Parlamento es indudablemente cuantitativamente menor al anterior, como quedó demostrado en las últimas elecciones nacionales dónde fue menos del 40%, en las elecciones departamentales, dónde solo ganaron en tres departamentos incluyendo uno que en realidad lo perdió la Coalición Republicana por desinteligencias propias, y en el último referéndum, pero también es cualitativamente peor.

Hay una diferencia central entre los dos bloques políticos que existen en nuestro país, que no es entre izquierda y derecha o entre la representación de diferentes intereses.

Peor en múltiples sentidos. No miran el interés nacional, no procuran mejores soluciones para el país, intentan boicotear lo que funciona bien y buscan dañar permanentemente la buena imagen del país en el exterior. Los ejemplos abundan, pero unos pocos resultan ilustrativos. La oposición que ya ha manifestado, y que sin dudas tendrá el Frente Amplio a cualquier proyecto de reforma de seguridad social habla de lo poco que les importa el futuro del país. Cualquier persona que conoce del tema y tiene honestidad intelectual sabe que hay que aumentar la edad de jubilación, paulatinamente, a la uruguaya, pero hay que incrementarla. Oponerse o proponer incluso que deben bajar es de un grado de demagogia y de irresponsabilidad supina, que no admite defensa en el debate racional e informado sobre el tema. Todos sabemos que el Frente Amplio, sin embargo, en vez de pensar en lo mejor para el país, y para ellos mismos si vuelven a ganar las elecciones, se opondrá, porque volvieron e entrar en la lógica sesentista del cuanto peor mejor.

Otro ejemplo reciente es como han operado connotados dirigentes frentistas del partido o sus sindicatos afines para sembrar la idea de que en el país no existe libertad de prensa cuando todo el mundo sabe que eso es falso. La operación, de la que no es ajena Orsi ni el Pit-Cnt en sus ramas vinculadas al tema, ha tenido éxito en algunos foros internacionales que ahora dicen mintiendo a sabiendas, que Uruguay es peor que Afganistán. Apuestan contra el país, no contra este gobierno, pero no les importa, todo vale con tal de golpear al gobierno de la Coalición Republicana.

Existe una diferencia central entre los dos bloques políticos que existen en nuestro país, que no es entre izquierda y derecha o entre la representación de diferentes intereses, es como expresó Luis Alberto de Herrera hace ya muchas décadas: “Adviene otro tipo de lucha distinto a éste que vinimos de resolver con éxito. No será más entre blancos y colorados, sino entre nacionales, quienes quieran y merezcan serlo y los que no quieren serlo, o porque no lo sienten o porque no les conviene” Esto hoy es una realidad, y hay que tenerlo en cuenta, aunque, afortunadamente, los abismos de la bajeza que frecuenta la izquierda son desconocidos para el bloque republicano.

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