Actores y conflictos

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En esta semana, el Jubileo de Platino en honor de la Reina Isabel II por sus 70 años al frente de la monarquía británica, con toda su pompa y tradición, acaparó la atención mundial.

Inclusive la de nuestra distante república liberal y democrática, tan ajena a ese boato. Pero como decía nuestro editorial del martes, compartimos valores que nos acercan. Las convicciones democráticas, el respeto por el Estado de Derecho que da base a nuestra identidad como nación, abrevó en gran medida en las evolucionadas ideas llegadas desde esas islas. Conceptos como los deberes y garantías del ciudadano que sustentan al mundo occidental y a nuestra propia democracia, se nutrieron del ideario del gran filósofo liberal, John Locke.

Pero no ha sido la única dama de renombre en salir a la palestra en estos días. Angela Merkel, la prestigiosa Primer Ministro de Alemania, de cuyo país llevó las riendas durante 16 años, con importante gravitación en el concierto mundial, ha roto el silencio guardado tras alejarse del cargo. ¿Habrá imaginado la gran “Mutti” que tendría que salir a dar explicaciones respecto de posturas y decisiones de corte internacional de su gobierno? Tal vez sí, dado el condenable accionar de Putin, su antiguo interlocutor, quien sin cambiar un ápice su imagen inescrutable de agente de la KGB, ha utilizado excusas, cada una más absurda que la otra, para invadir otra vez a Ucrania, años después de la aventura del 2014 que le salió tan barata; la toma de la península de Crimea. Titulada por el mismo la guerra destructiva y sangrienta, como “Misión Especial”, atacó de manera inexcusable a una nación independizada tras el desplome de la URSS. Escudado en inventadas razones de peligro y subestimando la determinación de los ucranianos para defender su autonomía, van más de tres meses de una escalada bélica que ensalza la determinación de ese país para no rendirse ante el invasor. Y a la vez escandaliza por lo que significa de muertes, heridos, millones de desplazados y de refugiados. El infinito padecimiento de tanta gente, incluidos los rusos víctimas de la megalomanía de su jefe.

Persiste a nivel global el temor de una demencia de corte nuclear y ya es realidad un incalculable desastre económico de nivel planetario. Desde la inflación mundial, al alza de los precios, las dificultades comerciales y financieras, en el transporte, la consecuente escasez de alimentos, el alza de la energía, la hambruna que se cierne sobre muchos estados a raíz de las trabas a loa embarques de la rica producción granelera ucraniana. El señor del Kremlin utiliza todo esto como chantaje, son sus otras armas de guerra aparte del robo puro y duro que se comete en la frontera ruso-ucraniana.

La Canciller defendió sus decisiones, expresando en la entrevista con Der Spiegel, que no pensaba excusarse por la línea política tomada. Si bien reconoció que a menudo se pregunta si se podría haber evitado la tragedia, condenando sin eufemismos la invasión rusa. Aseguró nunca haberse hecho ilusiones respecto de Putin, de quien percibía su deseo por destruir a Europa. Sin embargo, eligió tratar de evitar un conflicto abierto, apostando a las relaciones comerciales y la diplomacia. Para ella Ucrania ganó años de paz que le permitieron consolidarse como nación democrática y sobre la Cumbre de Bucarest en 2008, donde se opuso a que se le otorgase a Ucrania el status de país candidato a entrar en la OTAN, recordó que no lo consideraba democráticamente firme y lo veía dominado por oligarcas. Para Merkel, haber apoyado a los ucranianos para formar parte de la OTAN, hubiese sido como una declaración de guerra para el ruso. Habría reaccionado poniendo en práctica su idea de intervenir los países vecinos que quisieran acercarse a Occidente.

Pero ese tiempo destacado por la Canciller como beneficioso para Ucrania, le sirvió también a Putin para afianzar el país económicamente y organizarse mejor para la actual invasión. A Merkel se le acusa de haber incrementado la dependencia de Europa respecto de la energía rusa. Por un lado, con el cierre de las plantas nucleares, (alabada decisión de acuerdo a criterios medioambientalistas) y también la construcción del gasoducto Nord Stream 2, (se frenó a raíz de la guerra) respecto del cual confesó haberse molestado con las sanciones estadounidenses.

La Reina no ha sido la única dama de renombre en salir a la palestra en estos días. Angela Merkel, la prestigiosa Primer Ministro de Alemania, de cuyo país llevó las riendas durante 16 años con importante gravitación en el concierto mundial, ha roto su silencio.

Y como el mal ejemplo cunde peligrosamente entre los gobernantes autocráticos, el presidente de Turkyye, Erdogan, ha aumentado su belicosidad con la vecina Grecia. Una tensa situación de dos actuales miembros de la OTAN por el control de las islas y el Egeo, que se arrastra hace siglos, a partir de la derrota de la flota otomana en Lepanto, a manos de la cristiandad.

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