¿A nadie le importa nada?

Hay realidades que rompen los ojos y sobre las cuales el país no termina nunca de tomar acciones para cambiarlas. Se genera entonces una idea, hoy muy extendida, que dice que resulta imposible romper con tanta decadencia evidente y anunciada, y que por lo tanto la verdad es que a nadie le importa nada.

Los ejemplos, desde los más grandes a los más pequeños, son tan numerosos, que asustan. Está el caso increíble de las pérdidas multimillonarias del portland de Ancap. Son decenas de millones de dólares que todos los años se pierden desde hace lustros. Todo el mundo sabe que es imposible arreglar la situación sin enfrentar seriamente los intereses del sindicato de Ancap y sin tomar medidas drásticas que impliquen cerrar esa enorme sangría de dineros. Pero pasan los gobiernos y todo sigue igual. A nadie le importa nada.

Está también el enorme problema de la convivencia urbana en Montevideo. Hace ya al menos una década que se han ido extendiendo los campamentos instalados por gentes que terminan viviendo en distintos lugares públicos. Desde esa impunidad de utilizar plazas, esquinas y veredas como si fuesen sus hogares, se dedican en muchos casos a la mendicidad extorsiva o directamente a los hurtos menores de manera de sobrevivir en esas condiciones insalubres e inhumanas, a la vez que hacen imposible la convivencia. Son miles los vecinos en distintos barrios que están hace años desesperados, que ya no pueden salir con seguridad a hacer compras o sencillamente a dar un paseo, o que viven atemorizados por la reacción de tal o cual desaforado en su cuadra o en su zona y que, notoriamente, sufre alguna demencia vinculada a algún consumo de drogas. Lo sabe todo el mundo. Pero a nadie le importa nada.

¿Y sobre la competitividad de nuestra economía? Todos los especialistas saben que los costos de nuestra mano de obra medidos en dólares son comparativamente enormes, por ejemplo, y que dificultan seriamente la llegada de inversiones al país. También se sabe hace años sobre la lentitud del Estado para facilitar trámites y destrabar burocracia con relación a la apertura de empresas, por ejemplo. Tanto se sabe, que la única forma de atraer grandes emprendimientos al país es proponerles regímenes de zonas francas, es decir, espacios que por definición son la negación de los costos que normalmente cualquier uruguayo debe enfrentar para decidirse a emprender y salir adelante por su cuenta. Todo esto es así hace muchos años; pero como nada cambia, parecería ser que en realidad a nadie le importa nada.

¿Qué decir de los cambios estructurales que se sabe debemos enfrentar y quedan demorados o perdidos en un limbo? El más importante ha sido el de la reforma de la seguridad social, aprobado en el gobierno pasado y que está colgado a lo que termine decidiendo un diálogo social eterno. O también, la inyección de dineros a la caja de profesionales que no son más que remiendos a un sistema así inviable. Pero, de nuevo, parece que a nadie le importa nada.

La verdad de las cosas es que a mucha gente le importa mucho lo que está pasando. Pero el problema es de liderazgo político. En el Frente Amplio, mayoritario en las urnas desde 1999, no hay voluntad de enfrentar los costos sociales y políticos que estos problemas del país comportan. Y en los partidos de oposición se termina verificando la misma dinámica: ¿para qué señalar necesarias reformas que pueden ser impopulares, si con eso se cierran totalmente las pocas puertas abiertas para derrotar a una izquierda tantas veces mayoritaria?

Así las cosas, eso de que a nadie le importa nada es en realidad la constatación de que el país prefiere mirar siempre para otro lado en vez de enfrentar problemas que son graves y que precisan de cambios profundos. Si con distraer la atención alcanza, porque nada se cae de golpe y la decadencia es muy progresiva, pues entonces la preferencia política termina siendo la de mirar para otro lado y listo.

¿O acaso no terminó siendo por ejemplo electoralmente contraproducente para los partidos de la Coalición Republicana en 2024 haber aprobado la reforma de la seguridad social con su necesario y gradual cambio de edad de retiro?

La ciudadanía no premia los grandes cambios. Prefiere la ambición pequeña reivindicada por este gobierno de Orsi como gran política nacional. El resultado social es una profunda y extendida desazón, ya que no por negarse a ver los problemas ellos terminan desapareciendo. Y la triste y amplia sensación que queda, por lo tanto, es que a nadie le importa nada.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar