En las últimas semanas, el presidente Luis Inácio (Lula) da Silva asumió un llamativo protagonismo internacional. Brasil se expande (o al menos eso pretende hacer), mientras que Argentina se retrae. A ambas realidades es necesario prestar atención desde este rincón del mundo.
El presidente Lula viaja buscando, según el mismo dice, que Brasil se abra al mundo y el mundo se abra a Brasil. Algo parecido a lo que suele decir el presidente uruguayo. Sólo que cada vez que este lo dice, desde ambos lados de la frontera vienen los reproches, el intento de frenar las pretensiones uruguayas y un recordatorio de que Mercosur lo obliga a contenerse.
Cuando lo hace Brasil, nadie dice nada. Lula se abre, pero nunca siquiera menciona la palabra Mercosur.
A su vez, Lula se manifestó en forma controvertida respecto al conflicto europeo, con una posición más cercana a la de Rusia (el agresor) que a la de Ucrania (el agredido).
Para Lula, pese a toda la evidencia de que Putin pretende conquistar Ucrania y anexarla a su territorio, la culpa es de Estados Unidos y Europa que ayudan a Ucrania con armas.
Bastaría que Rusia ceda en su intento de quedarse con Ucrania para que la ayuda militar cese. Pero Lula prefiere otra lectura y con ella cree que se transformará en un referente fundamental en el escenario internacional.
A su vez, cruzando el Río de la Plata, el escenario es de una retracción cada vez más aguda y preocupante. En un discurso, acompañado de un “videoclip” a la usanza de los grupos rock, el presidente argentino Alberto Fernández anunció su renuncia a ser candidato. El video con su voz en off dura casi nueve minutos y allí el presidente se explaya sobre todo lo bueno que hizo para Argentina, y donde lo malo es sólo atribuible a la pandemia, la guerra y la sequía.
Recién cuando llega al final de su larga arenga, anuncia que en diciembre pasará la banda presidencial a quien salga electo presidente. Parece estar diciendo que no será él y de ese modo indirecto, anunció que no se postularía como candidato.
El problema es vislumbrar hacia donde va Argentina y eso debería preocupar a Uruguay. No porque vaya a seguir el mismo camino, sino porque todo lo que sucede con los vecinos, afecta a nuestro país para bien o para mal.
Tratándose de un presidente que está a la sombra de su vicepresidenta Cristina Kirchner y supeditado a lo que decida un ministro (Sergio Massa) con más poder que él, su margen de maniobra. quedó reducido a la nada, a lo protocolar y no a la gestión.
Todo esto en un momento nada fácil para Argentina. La inflación del último mes fue de 7.7% (la del mes solamente). El 39% de la población vive en la pobreza. El dólar blue, no oficial pero que marca cual podría ser el real valor de la moneda, se disparó en estos últimos días. Sin embargo para muchos negocios, en especial la exportación, lo ganado en dólares se reduce al tener que cambiarlo al dólar oficial.
Cuesta creer que Argentina haya llegado a estos niveles, el mismo país que a lo largo del siglo XX fue consolidando una inmensa clase media y donde el obrero tenía mejor nivel de vida.
El problema es vislumbrar hacia donde va Argentina y eso debería preocupar a Uruguay. No porque vaya a seguir el mismo camino, no hay señal de que eso ocurra, sino porque todo lo que sucede con los vecinos, afecta a nuestro país para bien o para mal. Todo indica que en la próxima elección el populismo autoritario kirchnerista llega a su fin. Es verdad que en la elección de 2015, cuando ganó Macri, también se dijo que había cerrado ese ciclo, pero en 2019 reapareció con Alberto Fernández y con Cristina atrás.
La oposición, que tiene todas las de ganar, no parece tener mucha idea de hacia donde ir una vez en el gobierno. Hay visiones distintas entre sus socios con lo cual no necesariamente generan esa inyección de confianza a eventuales inversores, necesaria para iniciar un verdadero cambio.
Por otra parte, crece una alternativa que hasta hace poco muchos veían como absurda, que es el fenómeno Milei, un pintoresco economista que se proclama liberal pero no muy dispuesto a respetar las reglas de juego, también liberales, de una democracia.
Sería desconcertante que para salir de un tipo de populismo, los argentinos opten por ir a otro. Mientras tanto, empresarios e inversores buscan mejores destinos para desarrollar sus actividades y Uruguay ofrece sus ventajas, lo suficientemente aceptables y con cercanía a Argentina como para que sigan desembarcando. No es para celebrar sacar réditos de la desgracia ajena, pero importa que Uruguay sea visto como un posible y confiable centro regional de actividad comercial y empresarial aún cuando un día Argentina supere su actual situación.