190 años del Partido Nacional

En el día de hoy, con un gran acto en la Plaza Matriz que ha generado gran expectativa por la participación del principal líder político que tiene hoy nuestro país, el expresidente Luis Lacalle Pou, el Partido Nacional conmemora sus 190 años de vida.

Esta proeza de existencia por cierto que merece celebrarse; existen pocos partidos en el mundo que puedan siquiera aproximarse, entre los que cabe contar los conservadores británicos, los demócratas estadounidenses y los colorados compatriotas. En tiempos en que los sistemas de partidos y las propias democracias están en jaque en casi todo el mundo vale la pena preguntarse ¿qué explica la existencia de un partido político durante tres siglos distintos con tal relevancia de que encabezó el gobierno anterior y bien puede volver a encabezar el próximo?

En primer lugar, el Partido Nacional es parte de la identidad del país. No toda, por cierto, ni nunca pretendió que fuera así, pero el Uruguay no se explica sin el Partido Nacional y el Partido Nacional sólo podría existir en Uruguay.

Desde los tiempos de la patria vieja, antes de la partida de nacimiento del propio país existía una identidad blanca que fue creciendo con el paso del tiempo. Nadie inventó al Partido Nacional, se fue construyendo por la acción de miles y miles de personas a lo largo del tiempo que, en un proceso de sedimentación le fue dando su impronta.

En segundo lugar, el Partido Nacional representa a buena parte de la población del país porque expresa ideas y valores distintos a los de los demás partidos. Por cierto que los nacionalistas entendemos que mejores, pero en cualquier caso hay una defensa férrea de la democracia representativa, del Estado de Derecho, de las libertades individuales, de la libertad económica y de la sociedad abierta que son la base de una definición ideológica clara.

Más aún, el partido se desdibujó y le fue mal cuando quiso lavar su imagen de ser lo que es, el partido de la Libertad (la que se escribe con mayúscula) en nuestro país. La bandera de la Libertad puede y debe levantarse bien alta, como lo hizo Oribe en el Cerrito, Juan Francisco Giró y Bernardo Berro desde el gobierno, Leandro Gómez en Paysandú, Aparicio Saravia por el sufragio libre, Washington Beltrán en el campo del honor, Luis Alberto de Herrera contra los imperialismos, Wilson Ferreira contra el autoritarismo, Luis Alberto Lacalle Herrera para modernizar el país y Luis Lacalle Pou con la libertad responsable que nos distinguió en el mundo.

Todos nuestros grandes líderes defendieron, en su tiempo y en su forma, la Libertad y eso generó no sólo una identidad ideológica sino una mística y una épica que perdura en canciones, mojones en todo el territorio y una marcha anual a Masoller de decenas de miles de personas que no tiene ningún otro partido político del orbe.

Es una tradición en el mejor sentido del término y no hay que rehusar de ella, todo lo contrario, abrazándola crecen las raíces que permiten que el árbol siga creciendo con fuerza. Porque, precisamente, un partido con raíces profundas y una identidad tan definida como el Partido Nacional tiene la capacidad de pensar los tiempos nuevos, encarar los nuevos desafíos y plantear las nuevas soluciones sin atarse a los viejos dilemas del pasado.

En tercer lugar, porque supo mantenerse fiel a sí mismo a cualquier precio. Al precio de entregar la vida como ocurrió con Berro, Leandro Gómez, Beltrán y tantos otros, o de ponerla en riesgo como Oribe, Herrera y Wilson. Noventa y tres años de oposición sólo se sobreviven como un partido político relevante si se es algo y se representa algo que tiene gran valor para buena parte de la ciudadanía.

El Partido Nacional no corrió a copiar al batllismo para tratar de ganar elecciones en tiempos en que la hegemonía colorada parecía no tener fin, por el contrario se opuso con fuerza y defendió su identidad y así no sólo persistió, supo darle al país una alternativa indispensable cuando llegó su tiempo.

Por eso el acto de hoy, en la plaza pública y con la palabra del principal líder político del país, es la mejor forma de celebrar a un gran partido político. Las personas que hoy en la plaza Matriz levantarán su bandera, alzarán un poncho, revolearán una golilla y gritarán vivas a su partido hasta emocionarse lo hacen porque defienden una tradición política llena de heroísmo y entrega por el país y porque tienen la esperanza de un futuro mejor gracias a ese mismo partido. Larga vida al glorioso Partido Nacional.

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