El Ciudadano | Montevideo
@|El Ministerio del Interior celebra con bombos y platillos la apertura de escuelas de fútbol social, prometiendo convivencia y oportunidades; pero detrás del discurso amable se esconde un espejismo, se vende la ilusión de que miles de niños podrán alcanzar el éxito millonario en el deporte, cuando la realidad es que menos del 1% llegará siquiera a un nivel profesional.
El liberalismo denuncia este paternalismo como una forma de fomentar la dependencia y la pasividad, se invierten recursos públicos en recreación mientras se descuida lo esencial; educación de calidad, capacitación laboral y estímulo al emprendimiento.
El resultado es frustración juvenil y un Estado que sustituye la responsabilidad de las familias y comunidades por programas que entretienen pero no liberan; el humo del fútbol social puede ser simpático, pero no construye autonomía ni futuro.
Uruguay necesita menos ilusiones y más libertad, menos promesas de estrellas y más ciudadanos capaces de brillar por su esfuerzo, estudio y trabajo.