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Una historia que bien vale compartirla

María Guillermina Coolighan | Montevideo
@|Sin ánimo de solo criticar sino de reflexionar sobre determinadas incoherencias de nuestros gobernantes, paso a contar algo que me sucedió recientemente y que quien me conoce sabe que no soy capaz de inventar y o mentir para desacreditar a alguien.

Intendencia de Montevideo, trámite a realizar. Como notarán no digo ni piso ni sección en donde me sucedió, cero perjudicar a alguien.

Necesitada de ir al baño, me acerco al mismo y veo que justo en ese momento se retiraba con su correspondiente carrito la encargada de la limpieza. Le pregunto si puedo hacer uso de él, me contesta afirmativamente. Aclaro que, por suerte y previsora, siempre llevo conmigo paquetitos de pañuelos descartables que, sin embargo, en este caso, no pensé necesitarlos, tal era el estado de higiene impecable de dicho lugar.

Para mi sorpresa, no había ni papel higiénico ni tampoco jabón para lavarse las manos, pedir secador y o papel de manos, ya hubiera sido un lujo excesivo, por favor.

Salgo, la chica de la limpieza aún por allí, me acerco y la felicito por su dedicada tarea que había dejado el baño impecable pero que se había olvidado de reponer papel higiénico, jabón, toallas descartables para secarse.

Para mi sorpresa me contesta que no lo había olvidado pero que la Intendente se negaba a poner dichos insumos, agregando, con ironía, “parece que la plata que aquí entra, no alcanza para esto”.

Seguimos conversando y me comenta que también la Ingeniera Cosse mandó sacar las papeleras de los espacios públicos, aduciendo que no le gustaba verlas desbordadas (increíble para cualquiera que razone mínimamente sobre ello). Mejor sacarlas que educar desde el vamos a los uruguayos para que sean bien usadas. Esto ya era de pública notoriedad y había dejado azorado a más de uno, me incluyo. Y siguiendo con nuestra charla, me comenta que entra por la tarde en otro trabajo y que, como no tiene tiempo de almorzar, se lleva cada día una banana que va comiendo en el trayecto. Desde la desaparición de las papeleras y siendo, deduzco, una persona prolija, se ve obligada a llevar cada día una bolsita para así descartar la cáscara al llegar a su destino, donde sí, por lógica, hay papeleras.

Este no será el caso de la mayoría que descartarán las “cáscaras de sus bananas” alegremente en las calles, que, entre otras consecuencias, podrán en riesgo a más de uno; es fácil “pisar la cáscara de banana” que a uno le ponen en el camino.

Toda esta anécdota es demencial y, lo peor, cierta. Ahora, si la Ingeniera, candidata posible para dirigir próximamente nuestro querido país, se maneja de esta forma dirigiendo lo que sería pequeño frente a la otra responsabilidad mayor, me asusta y mucho el futuro si fuera ella quien resultara electa.

Por todo ello y para pensar seria y responsablemente antes de emitir nuestro voto, tomo para finalizar, el tan manido y veraz aserto: quien avisa no traiciona.

A reflexionar, nos jugamos demasiado en un año…

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