Alejandro A. Tagliavini | Estados Unidos
@|El camino contrario llevó al gobierno de Milei -y seguirá llevando- a metas opuestas a la libertad económica. Y las correcciones en el futuro se ven imposibles de modo que, en el mejor de los casos, Argentina tendrá un derrotero mediocre.
En primer lugar, porque sus funcionarios demuestran una fuerte flojedad intelectual desde que creen que existen circunstancias y momentos críticos que hacen que las leyes de la naturaleza -la libertad para que puedan desarrollarse- no sean efectivas y deban ser violadas. Segundo, un desconocimiento absoluto de las leyes de la lógica en favor del voluntarismo: cuando el ego supera a la capacidad de razonar.
En su primer año de gobierno el PIB habría caído 1,7%. Por supuesto, como todo político, culpó al gobierno anterior cuando fue por culpa del fuerte aumento de impuestos: menos recursos en manos del sector productivo. Aumentó algunos directamente y produjo un fuerte incremento encubierto al quitar subsidios a muchos servicios públicos, con lo que le subieron fuertemente las tarifas al ciudadano común, pero quedándose el Estado con los gravámenes que pagaban los ciudadanos para solventar esos subsidios.
De haber disminuido la presión fiscal, la economía se habría expandido, es pura ley del cosmos: todo cuerpo que se libera se expande de suyo inmediatamente.
Por cierto, dicen los datos oficiales que el PIB creció en 2025 un 4,37%, suponiendo que fueran ciertos, esto se dio en mayor medida por la intermediación financiera -apalancada en el Estado- que se disparó un 17,2%. Y el 2026 se presenta peor.
Dijo que dolarizaría la economía y que cerraría al Banco Central y, por el contrario, lo está fortaleciendo y fortaleciendo al peso de manera artificial -contra el mercado- con una muy fuerte intervención del Estado en la actividad financiera y de cambio de divisas lo que, por otro lado, se da de bruces con la libertad de precios ya que el principal precio, el de la moneda local no es libre.
En marzo de 2022, Milei calificó al (multi) estatal FMI como una “institución perversa” que permite a los países posponer correcciones fiscales necesarias. Pues tenía razón y eso es exactamente lo que ahora está ocurriendo: el FMI le ha concedido hasta ahora, USD 57.500 millones en préstamos a la Argentina que así se convierte en el principal deudor del organismo, por mucho.
Dice haber bajado la pobreza, suponiendo que sea cierto, lo ha logrado en base al asistencialismo estatal: las ayudas sociales han aumentado y hoy ya hay más personas que viven de ello que trabajadores formales del sector privado.
Y a este aumento de la coacción estatal sobre la economía hay que sumarle el endurecimiento en los pasos fronterizos, el aumento de las penas carcelarias, el apoyo a la guerra contra los ayatolas criminales de un país muy alejado, y varios temas más.
Pero el daño a la libertad no se circunscribe a la Argentina. Milei es un excelente propagandista, y ha convencido a una enorme mayoría de personas y periodistas de que es partidario de la economía libre.
Así, un gran sector de la opinión pública está “viendo cómo la libertad de mercado” falla, lo que es falso, fracasa Milei y no las políticas de libre mercado -recorte de impuestos, desregulación, achicamiento del Estado- que han sido exitosas cuando se han aplicado; como es el caso de Irlanda, cuyo PIB per cápita llegó a crecer 35% en un solo año (2015 vs 2014).
Por caso, The Wall Street Journal, en una columna firmada por Samantha Pearson, asegura que “La reforma radical de libre mercado de… Milei… se topa con los mismos problemas que aquejaron a la vieja guardia política que prometió derrocar”. Ridículo y poco pensado, no existe tal “reforma radical” y, precisamente por ello, se topa con los mismos problemas, porque sigue por el mismo camino estatista con retoques cosméticos.