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Soberbia y oportunismo

Un Conejo Blanco | Montevideo
@|La oposición izquierdista intenta desde hace tiempo un juego de postas, alternándose para atacar las decisiones del gobierno y en particular de quien más les molesta por su gestión, Luis Lacalle Pou. El Presidente que, cual marino avezado, ha debido capear el temporal de la pandemia, la guerra de Ucrania, la sequía y hoy día su consecuencia, la escasez del agua; y lo ha hecho con eficacia.

Podríamos citar al Quijote por aquello de “Ladran Sancho, señal de que cabalgamos”; para justificar los berrinches del sindicalista avenido presidente del FA-PIT o de otros que le precedieron hasta la asunción del cargo. Todos ellos de mediocre enjundia que, como jamelgos cansados, fueron quedando por el camino entregándole la posta al siguiente y, a pesar de ello, manteniendo el Presidente su imagen positiva con alto porcentaje de aprobación.

Así, ante los reiterados fracasos de quienes a la fecha cumplieron con la penosa función de atacar, denostar, mentir y tergiversar verdades por falacias, les ha llegado el turno a los que hoy se definen como candidatos del FA-PIT a postularse a la Presidencia en la próxima elección. Entonces, aparece el lobo bajo la piel de cordero y su majestad, la soberbia, a criticar al Presidente por los temas de actualidad, el agua y el águila o el pomposo acto partidario en el Palacio, en homenaje a las 3 subversivas muertas en un enfrentamiento de abril del 74.

De Cosse, poco se puede agregar a su foja de soberbia, caprichos y despilfarro y su desmedido afán por llegar a lo más alto. Su leitmotiv obsesivo que guía sus acciones, todo lo cual la desacredita haciendo inentendible su osadía para indicarle cómo actuar al Presidente.

De Orsi, no extraña tanto, siendo un hombre que no tuvo reparos en criticar a Tabaré Vázquez, presidente por su partido, pero que habiendo ganado espacio en estos años por su moderado perfil, últimamente parece haber perdido el control de sus dichos tomando tal impulso twittero que hace rememorar sus jóvenes tiempos de eximio bailarín de folklore.

Probablemente la imagen política de Carolina podría mejorar si dejase de lado su soberbia dedicándose a su gestión. Y a Yamandú le sería más redituable políticamente un retorno a su prudencia, limitando sus “oportunistas’’ twitters, para un coro de medios informáticos extralimitados por el afán amarillista.

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