Ex docente terciario | Montevideo
@|La “reforma educativa” está en proceso de implementación en su primer año de vigencia. Las autoridades de la Enseñanza han hecho un gran esfuerzo para introducir cambios importantes en el proceso de la educación de niños y jóvenes, tendiente a generar una superación de la realidad vigente y considerando las necesidades a futuro.
Entre los factores considerados se contempló qué y para qué se enseña y de qué manera hacerlo, lo que impactará en los programas de estudio y su contenido, así como en las metodologías de aprendizaje teniendo en cuenta de cierta manera un enfoque de “competencias”. Ello implica centrarse en la conexión entre los aprendizajes y la vida real.
Se intenta cambiar de docentes que exponen conocimientos a estudiantes para que los recuerde y reitere en pruebas de evaluación, pasando a trabajos por proyectos y la resolución de problemas, apostando a la generación de opiniones que favorezcan el pensamiento crítico y creativo.
Se procura considerar el ritmo de aprendizaje de cada alumno y que las asignaturas y los docentes no actúen de manera compartimentada sino cooperando entre sí en beneficio del estudiante.
Cada centro de enseñanza tendrá mayor autonomía en la definición del funcionamiento en el aula. Se sustituye la evaluación por calificaciones sobre las diferentes competencias y que implique un juicio de valor y no una “nota”. La repetición no tendrá lugar por años sino por etapas de ciclos. Se incorporarán nuevas asignaturas y se fusionarán otras. Se concretarán talleres y proyectos interdisciplinarios, además de otros que serán optativos.
La oposición a todo este planteo renovador generada por sindicatos docentes y afines pretende sostener que se recortan contenidos y se flexibilizan evaluaciones y que se dejan de lado las disciplinas y se tiende solo a contemplar las habilidades requeridas por los mercados.
Para quien mira la problemática sin estar involucrado directamente en ella, la sensación es que la reforma significa un claro intento de desarrollo positivo y que el rechazo corporativo se asocia más al temor por la potencial pérdida de horas de clase y retribuciones correspondientes y por el esfuerzo de adaptarse a una nueva realidad.