Esteban Vicente | Colonia
@|En uno de los cuentos con los que nos ha deleitado Don Luis Landriscina, se hace mención a uno de los tantos modismos que tienen nuestros vecinos rioplatenses; el uso de “re” no solo como nota musical, sino para reforzar una palabra o una expresión.
Es así que para hablar de una chica que es muy linda, dicen está re-linda, o si hace mucho frío, está re-frío. El cuento es sobre un ejecutivo que fue a vivir a Buenos Aires, y que con ciertas limitaciones idiomáticas intentó congraciarse con uno de sus subalternos inmediatos. Lo invitó a un restaurante de Recoleta donde los platos que sirven no se destacan por su abundancia sino por su precio. No siendo conocedor de la cocina local, esperó a que su invitado hiciera su elección. Éste solicitó pollo, ante lo que se le ocurrió usar el modismo que le habían explicado, por lo que pidió re-pollo. Consultados los comensales sobre su segundo plato, el invitado dijo “repito”, ante lo cual el anfitrión, no deseoso de volver a ser servido con el plato original, dijo: “para mi pito solo”.
En mi opinión personal, en la elección del pasado domingo 22 de octubre en la Argentina, ocurrió algo similar al cuento antes expresado. Existe un importante número de votantes que no tienen conocimiento sobre lo que está pasando en su país. No tienen una idea cabal sobre la diferencia entre pollo y repollo, si no, ¿cómo pueden votar a un gobernante actual que les impone una inflación de más del doce por ciento mensual, que tiene un cuarenta por ciento de pobres a quienes en gran medida tiene sujetos a dádivas de diversas formas, sin que se les demande contrapartida alguna?
Todavía deberá enfrentar en segunda vuelta a un “recién llegado” a las ligas mayores de la política y que ganó su espacio aprovechándose del descontento generalizado contra la corrupción política imperante.
A menos que consiga votos del tercer partido en cuestión, sus probabilidades de ser electo presidente serán limitadas.
Si resultara electo presidente el actual Ministro de Economía, todas las medidas que adoptó para “comprar” los votos que lo apoyaron, se tornarán en su contra, ya que no existen reservas internacionales disponibles, ni crédito alguno dada su falta de cumplimiento con los compromisos asumidos antes el Fondo Monetario Internacional.
Los sindicatos peronistas demandarán ajustes salariales que hasta ahora han acallado en espera de la elección, para que sus dirigentes continúen disfrutando de sus privilegios.
El sector privado, que es quien sostiene a la burocracia estatal está al borde del colapso y por ende la recaudación fiscal prácticamente no podrá cubrir ni el gasto, ni los intereses de la gigantesca deuda del Banco Central Argentino, lo que determinará una inflación y en consecuencia pobreza cada vez mayor.
Desalentador panorama de un país rico, pero gobernado por un régimen populista y cuyo destino puede ser similar al de otro país sudamericano más al norte, a menos que haya una reacción que cambie ese rumbo.