Dr. César Eduardo Fontana | Montevideo
@|Hace ya bastantes días que el gobierno venezolano “presidido” por Delcy Rodríguez anunció la liberación de los presos políticos en su país, que aparentemente serían alrededor de 800 y pico, por lo menos. Sin embargo, transcurriendo las horas y el tiempo las esperanzas de muchos de sus familiares han caído en una especie de limbo ya que al momento de escribir estas líneas, jueves 15 de los corrientes, las asociaciones de opositores han contabilizado alrededor de 84 liberados sin contar que, aparentemente, se habrían – condicional- excarcelado unos 116/7 entre Navidad y Año Nuevo según la versión gubernamental.
Son muy pocos, absurdamente pocos. No se necesita ser un genio de la logística para evacuar una cárcel con poco menos de mil reclusos. Por lo demás y según versiones de prensa, la liberación hasta ahora ha sido un tanto selectiva: extranjeros, venezolanos con doble nacionalidad, periodistas y similares, muchos de ellos con un lapso de detención no demasiado extenso. Pero de los pertenecientes a Juan Pueblo y que llevan años privados de libertad, rige un ominoso silencio. ¿Raro, no es así? Lo más razonable sería haber comenzado por los más antiguos que probablemente sean los más afectados, física y psicológicamente, habiendo ya fallecido por lo menos uno según se ha anunciado.
Resulta difícil efectuar un análisis correcto a la distancia y con tan raleada información, pero eso lleva a malos pensamientos. ¿No será que los fallecidos sean muchos más, y aún desde mucho tiempo atrás? Las pésimas condiciones de vida relatadas por alguno de los liberados puede convertir tal interrogante como perfectamente válida y que en tal caso las autoridades no sepan cómo actuar. Porque una cosa son uno o dos muertos, sin duda algo lamentable, pero 15, 20 o más sería un verdadero escándalo. No sólo por los fallecimientos en sí mismos, sino por la falta de notificación oportuna a sus familias.
Consecuentemente, el rubio presidente del Norte debería estar más enfocado en el tema, no necesariamente él en persona, pero sí sus colaboradores más cercanos. Pero no, ahora ha vuelto con Dinamarca. Obsesivo el hombre sin duda…