J. H. | Montevideo
@|Los adultos de todo el mundo tienen un problema, consecuencia de una buena razón, viven más y por tanto no alcanza el dinero que ahorraron para mantenerlos durante cada vez más años de vida cuando ya no trabajen.
Los sistemas de Seguridad Social se sostienen con lo que se ahorra mientras se trabaja, con las inversiones que genera ese capital, con los aportes de las empresas, con el aporte de los jóvenes que pagan a los viejos y lo que falta lo pone el Estado.
Como se hace insostenible ese aporte creciente, hace años que todos los partidos políticos buscan solucionarlo. En 2023, después de una larga discusión por todos los involucrados, se aprobó una ley cuyo cambio fundamental es que el trabajador aporte a ese mayor beneficio que recibe por más años, acompañando el aumento de esperanza de vida, jubilándose a partir de los 65 años.
Pero claro, hay trabajadores que no quieren este cambio y proponen un plebiscito. Desean que lo paguen otros. ¿Qué paguen quiénes?
Las empresas, si se las grava más, se van o contratan menos empleados, consecuencia: mayor desempleo. Los “grandes capitales”, en Uruguay hay muy pocos, pero también si se los grava más, se van y dejan de invertir y habrá menor crecimiento. Si lo paga el Estado, quedará menos dinero para la educación, la salud, para niños y jóvenes. Al aumentar el déficit fiscal, se pierde el grado inversor y se deberá pagar más intereses por el dinero que pide prestado el Estado.
De aprobarse el plebiscito, todo esto iría agravándose año a año y recaería sobre los hombros de nuestros niños.
¿Es posible que cerca de la mitad de los uruguayos sean tan egoístas y piensen votar el plebiscito y dejarles este problema a los niños? Creo que no, que solo saben que se tendrán que jubilar más tarde y no las consecuencias de no hacerlo.
Por eso, es necesario que los adultos hablen por los niños que no saben que serán ellos quien paguen si se aprueba el plebiscito de la Seguridad Social.